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Policías y niños convierten casa abandonada en aula en Puerto Pinillo

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En una vereda apartada de Bolívar, 20 estudiantes reciben clases en condiciones precarias junto al profesor Rodolfo Rojas. Allí llegó la Policía Comunitaria no solo con actividades pedagógicas, sino también con refrigerios y un mensaje de esperanza.

Por: Emilio Gutiérrez Yance

En la vereda Puerto Pinillo, donde el silencio del campo solo se rompe con las voces de los niños y el sonido del viento entre los árboles, una casa abandonada se ha convertido en escuela. No hay puertas, ni ventanas, ni ventiladores. El piso es de tierra y piedra, y cuando los estudiantes se mueven, el polvo se levanta como una nube que acompaña cada lección.

Allí, en medio de esas condiciones, cerca de 20 niños reciben clases todos los días bajo la orientación del profesor Rodolfo Rojas, quien con paciencia y vocación mantiene viva la educación en este rincón del departamento de Bolívar. Las paredes desgastadas y los pupitres deteriorados no han sido obstáculo para que los estudiantes sigan aprendiendo.

Hasta este lugar llegó la Policía Comunitaria del Departamento de Policía Bolívar, que realizó una jornada pedagógica con los menores. Los uniformados compartieron con los estudiantes enseñanzas sobre principios, valores y convivencia, convirtiendo el improvisado salón en un espacio de diálogo, juegos y aprendizaje.

Durante la actividad, los policías también entregaron refrigerios a los niños, un gesto sencillo pero significativo para muchos de ellos, que en ocasiones asisten a clase sin merienda. Entre sonrisas y miradas curiosas, los pequeños recibieron los alimentos mientras escuchaban historias y consejos de los uniformados.

La visita también permitió conocer de cerca las necesidades de los estudiantes. Madres de familia y docentes manifestaron que las condiciones del lugar son difíciles: no cuentan con infraestructura adecuada, el piso levanta polvo constantemente y varios pupitres están en mal estado.

A pesar de las dificultades, la comunidad mantiene la esperanza de que la situación pueda mejorar. Mientras tanto, cada jornada escolar es un acto de resistencia silenciosa, donde la educación sigue abriéndose paso entre paredes desgastadas y sueños que aún están por construirse.

“Nuestra Policía Comunitaria seguirá llegando a estos lugares apartados para acompañar a los niños, fortalecer los valores y recordarles que no están solos. Ellos son el presente y el futuro de nuestro departamento”, señaló el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar.

En Puerto Pinillo, donde el aula es una casa olvidada y el piso es de tierra, cada cuaderno abierto representa una oportunidad. Y en medio del polvo, los sueños de estos niños siguen escribiendo su propia historia.