La fuerza del pincel de Jesús David Navas De Ávila

La fuerza del pincel de Jesús David Navas De Ávila
Por: Ayda Polo Ramírez
Cuatro paredes sin acabado, colmadas del olor de ladrillo y cemento; así es el cuarto donde Jesús David Navas De Ávila se encierra horas y horas para darle vida a su talento: la pintura.
Ese lugar a medio construir es su casa, ubicada en el popular barrio de Zaragocilla. Aún faltan muchos detalles para terminarla, pero pronto lo estará. “En diciembre con el favor de Dios terminaré este proyecto”, dice, con aquella tranquilidad de saber que sus pinceles le darán lo suficiente para cumplir este sueño y los muchos otros por alcanzar.
Un catre de tijeras y lona fue la inspiración de su primera obra cuando tenía 8 años. En ese entonces, se encontraba donde su familia materna en El Carmen de Bolívar y pensó que aquella tela del catre era para pintar, La cortó e hizo su primera pintura. “Al darse cuenta mi abuela, me correteó por toda la casa y me asusté mucho. Desde entonces ese cuadro está colgado allá en el Carmen”, agrega.
Navas, como es conocido, tiene 27 años, está casado y tiene dos hijos. El oficio de pintar ha sido el motor de su vida aún en medio de la adversidad. Recuerda que su familia tuvo una situación económica precaria y él tuvo que salir a trabajar a temprana a edad. Sin saber qué hacer, Navas recordó, como dice él, que Dios le había dado un don y era el momento de ponerlo en práctica.
“Comencé a hacer cuadros y a venderlos en las calles del Centro Histórico. Empecé a venderle a los galeristas y ellos al principio no creyeron en mí, pero después se dieron cuenta de que mi propuesta era interesante”, cuenta Navas a quien las Galerías actualmente le encargan más de 20 cuadros al mes.
Estudió Artes Plásticas en UNIBAC gracias a media beca que se ganó con la Fundación Fe Viva. El 50 por ciento restante lo pagó él con la fuerza de su pincel. Allí, en la universidad, fue siempre el monitor de clases, lugar donde mejoró las técnicas que emplea: Óleo sobre lienzo, acrílico, acuarelas, carboncillo, espátula y pastel.
Navas pinta las calles coloniales y fachadas del Centro Histórico de memoria. No necesita ver fotografía alguna para hacerlo. “Puedo observar todo un día una imagen, empiezo a bocetar y en el lienzo plasmo las ideas que tengo”, relata.
Su destreza para retratar el Centro Histórico es indiscutible, pero a Navas le encantan los temas sociales. Uno de los cuadros que más recuerda es la historia de Pedrito y Pablito, dos niños de la Boquilla que tenían como único método de subsistencia vender frutas y pescado a la orilla del mar.
Navas ha vendido alrededor de 25 obras en países como Australia, Alemania, Curazao y piensa explorar el terreno en este último país. Cuenta que le gustaría en un futuro impartir talleres, trabajar con niños de escasos recursos y mostrar el impacto del arte.
Luego de terminar el proyecto de su casa, quiere algo más grande y es tener una de las mejores galerías de Cartagena: Navas Art. Él no solo se visiona como un gran pintor, el arte hace parte de él y es su catarsis para sobrellevar las cargas del día a día. En las noches cuando pinta olvida el tiempo y lo que le rodea, o como él dice *“Pintando olvido los problemas. Estoy fuera de este mundo, me desconecto”.