Picós, una historia viva con ruidos y melodías

Picós, una historia viva con ruidos y melodías
Por: Luis Tarrá Gallego
Cartagena de Indias
Si hay una historia con sonidos propios en la costa caribe colombiana es la de los picós, esos monumentales, sonoros y ruidosos artefactos que desde hace 14 lustros se colaron en la cotidianidad festiva caribeña y, que pese a las variadas y constantes situaciones adversas que los rodean, siguen siendo un símbolo de la más arraigada cultura popular, cuyos entresijos conoce a la perfección el melómano y hombre del espectáculo cartagenero Willian Hincapié, más conocido como El Presidente de la salsa.
Sobre esta sonora trayectoria popular, Hincapié rememora:  “Esta información la tengo desde hace 50 años cuando tuve uso de razón; de estar en la cuestión de los picós y de la música salsa en especial. Los primeros picós que llegaron a Cartagena de Indias los trajo Joaquín Franco Pombo en la calle de El Porvenir. Picós que vinieron de Italia y de Alemania: los Telefunken y los Godman que fue la época de los inicios de los picós”.
Pero el vibrante decurrir ha sido prolijo en transformaciones, ya que según Hincapié,   “El picó llega aquí a modernizarse por un señor llamado Garner, que hizo el primer picó que se conoce, aquí en la ciudad de Cartagena de Indias, como fue ‘La Clave de Oro’ y, después hubo muchos picós que se anexaron a la época esa porque Garner hacía los parlantes ‘excitados’, o sea, unos parlantes que no tenían imán sino que trabajaban por medio de un campo magnético de la electricidad, que eran sonoros porque la escase del producto, ya que los parlantes los traían por medio de los marineros de la Flota Mercante Grancolombiana en los barcos que traían los productos desde afuera”.
Los avances tecnológicos, a pesar de las dificultades de comunicación de esos primeros tiempos, muy pronto se hicieron presentes y, “Poco a poco fueron llegando los parlantes. Los primeros tocadiscos que llegaron fueron los New Yorker que los vendían aquí, al igual que los Philips. En esa época salieron los picós como ‘La Móvil de Manga’.  Aquí en San Diego hubo tres picós: ‘El Mayor’, ‘El Lago Azul’ y ‘El Huracán’ y también otro que se anexó para la época y que fue ‘El Diluvio’ de la Familia Herrera; mientras que ‘El Mayor’ y ‘El Huracán’ eran de Limberto Beltrán, un carnicero y de ahí nace la historia de los picós. Uno de los grandes técnicos de los picós fue Manuel Torres que residía por el Mercado de Santa Rita y era el técnico que hacía los picós artesanalmente, mientras que los barranquilleros salieron en el año de 1960 con un picó que se llamaba ‘El Compás del Reloj’ y también ‘El Retorno’ y ‘El Timbalero’ y de ahí nace la historia de los picós en Barranquilla y Cartagena de Indias”.
*Música innovadora*
Pero de la monotonía de los ritmos antillanos y colombianos, otros ritmos empiezan a colarse en los gustos de cartageneros y barranquilleros y, así, “Hubo un picó en el año de 1965 que se llamó ‘Lo Máximo de El Perro’, que hace la primera competencia cuando sale un disco brasilero, que es el primer disco que le gustó a la gente con un ritmo diferente a la música que escuchábamos entonces, que era la de Cortijo y su combo y la Sonora matancera en ese tiempo y fue ‘El Viramundo’ de Sergio Méndez, grabado en 1966; en la cual compite ‘Lo Máximo de El Perro’ con ‘El Timbalero’ de Barranquilla y se da la competencia y el modernismo de los picós”.
Pese a la sofisticación de los atronadores equipos,  “Entonces la gente se interesaba por los picós y era una improvisación ya que los picós constaban de un parlante de 15  y uno de 12 que era el que le daba la afinidad, le daba el medio y le daba el brillo  en ese momento”.
Siguiendo con esa trilla, según el señor Hincapié, “Después vinieron los 9710 de 8 pulgadas, los llamados medios; que después se autodenominaron medios porque daban la voz y el brillo. Después vino el JBL, el famoso Yilancer que los traían los turcos Slebi y que vendían en la Plaza de San Nicolás de Barranquilla y entonces nace ‘El Pijuán’, ‘El Gran Che’. ‘El Rojo’, ‘El Solista’, Él Sibanicú’ y, ahí se va formando una gama de picós en Barranquilla e, igualmente, aquí en la Cartagena de Indias nacen ‘El Isleño’, ‘El Gran Platino’, ‘El Gran Tony’, ‘El Químico’ de Olaya Herrera. ‘El Gran Torres’, ‘El Isleño’, y, una gama de picós que en ese tiempo se prestaban para competir con los barranquilleros y tocaban en los mejores clubes de aquí como el ‘Club los Caballeros’, ‘Las Marelvis, ‘La Casa de Granito’, ‘Club Igualdad’, ‘Club Libertad’ e inclusive en el Pie de la Popa en donde había un club de la vieja guardia que se llamaba  ‘Club Popa’, donde también se hacían competencias bailables y alternaban con conjuntos musicales de la época como Aníbal Velázquez y Alfredo Gutiérrez”.
Bailes
En cuanto a la manera de realizarse los bailes, Hincapié describe: “No, los bailes en esa época eran elegantes y la gente tenía que ir con medias, bien vestidos e inclusive, habían clubes que sí a Usted lo invitaban y no iban con vestido entero como ‘Los Caballeros’ y ‘Club Libertad’ no podía entrar, ya que los clubes tenían unos distintivos que se invitaban los unos a los otros y, en ese tiempo, era la prohibición de ‘el barato’, que se hizo popular en las casetas del 11 de Noviembre, en los bailes y en las famosas tómbolas que fue donde ‘el barato’ empezó a agarrar auge”.
“De ahí muchos problemas se formaron y se distorsionaba, pues llegaba la gente que estaba enamorado de una muchacha y había como veinte pretendientes en el baile, porque en esa época quienes llevaban a las buenas parejas a los bailes eran las tías, que eran las que les respondían a los papás por sus hijas”.
Otro de los elementos tutelares de los bailes populares de entonces eran las chaperonas, y siempre “Había un cuarto especial en los sitios en donde se realizaban los bailes y la gente iba a pedirle el concepto de la tía, para que esta le diera la oportunidad de bailar con ese caballero. Los bailes eran unos eventos muy respetuosos que empezaban a las 10 de la mañana y terminaban a las 8 de la noche”.
Sobre la evolución de los ritmos bailables en las verbenas picoteras, El Presidente de la Salsa asevera: “Arranca en 1966, como ya dije, con El viramundo,l porque antes lo que se bailaba eran boleros, guarachas de La Sonora Matancera y las primeras canciones de Cortijo y su combo e Ismael Rivera y sus Cachimbos. Ese era el inicio de la música que se bailaba aquí. Mucha música de Aníbal Velázquez, guarachas Lucho Bermúdez, Pacho galán, Edmundo Arias y, por Buenaventura Pérez Goyo y su combo Bacaná y por el Chocó Julián y su combo, por Medellín nadie menos que Los Hispanos con Gustavo Quintero a la cabeza. Esa era la música tropical. Las orquestas venezolanas fueron muy influyentes en el ritmo bailable de esa época y todavía siguen marcando historia orquestas venezolanas como Billo’s Caracas Boy’s, Los Melódicos, La Sans sou çi y después vinieron Nelson y sus estrellas, Los Blancos y también vino Federico y su combo”.
Los cambios siguieron su ritmo a través del tiempo, según Hincapié y, “En 1970 cuando la caseta La Serie Mundial aquí en lo que hoy es el Parque de la Marina y que antes era el Campo de la Marina vinieron Federico  y su combo y la Dimensión Latina al lado de Andrés Landeros, Fruko y sus tesos con la Orquesta de Tomy Olivencia que también vino en esa época y la casetas se llamaban Matecaña y La Serie Mundial 7 y ahí compartían los artistas”.
Más la llegada de nuevos elementos musicales, que reforzarían vivificando el fenómeno melódico popular continuaría, por lo que según William Hincapié, “También en 1970 llegan los discos del Zaire por medio de unos aviadores que trabajaban en Angola y cuando la guerra de ese país, ellos comenzaban a traer ritmos africanos sin saber cuál era su contenido musical. Aquí llegan esos discos; los discos de El Zaire que ahora es república de El Congo, que fueron los primeros llamados Indios Mayeyos, que eran unas canciones de ritual con un ritmo acogedor y en 1970 hubo un picó que se llamaba ‘El Gran King’ del desaparecido sector de Chambacú, de propiedad de Santander Daquin, que después se llamó ‘El Ciclón’ y es el que parte el paradigma de la música africana y los primeros conceptos musicales extranjeros fuertes de la música africana en 1970 y, después ‘El Solista’ de Barranquilla que también traía esa música y ‘El Pijuán’, un picó muy afamado en Barranquilla que era especialista en música africana como era ‘El Coreano’, al que llamaban ‘el tanque de guerra’ y de ahí vinieron ‘los mambotes’ y una cantidad de ritmos de Sierra Leona, Nigeria, Angola, El Zaire, Senegal, en especial, que se hicieron famosos aquí como ‘Los Oriental Brothers’, Pablo Lubadica, popol Balsamina Macia, Mirian Maqueba, que fue la primera dama de la que oímos canciones de esa clase aquí en Cartagena de Indias y que gustó mucho a nivel internacional con su éxito ‘El Pata – Pata’ y que fue también la primera africana que gusta a nivel anglosajón, ya que los gringos eran reacios a esa música por el tema de la discriminación racial y el apartheid de los tiempos de Mandela y, entonces, esas canciones fueron llegando aquí a Colombia y gustaron, porque como sabemos tenemos raíces afro y eso nos ha impactado a través del tiempo”.
*Aterrizaje champetúo*
La gran revolución musical del caribe colombiano, según ‘El Presidente de la Salsa’ se da con “La champeta, que llega del año de 1985 hacia acá, nada menos que con Justo Valdés; esos muchachos de Anne Swing que hacen unos experimentos musicales con pistas de música africana que son las que van marcando la historia y ellos con base a esas pistas iban haciendo sus propias letras, sus propias anécdotas; porque prácticamente cuando era como un juego, ya que las primeras champetas eran como una narración de algo cotidiano, como sucede con todo el folclor, como por ejemplo el vallenato, que era la narrativa de lo que se vive a diario como El Chavo del Ocho, con canciones de ese tiempo como ‘El perro que habla’, anécdotas musicales de la época que hicieron Viviano Torres, ‘el Bogaloo’, Míster Black, otro que anexa a eso ‘el Afinaíto’, Álvaro ‘el Bárbaro, que hizo canciones como ‘el Pato Donald’, canciones alusivas a las tiras cómicas, algo fácil pero llevado a la música con una cadencia que para todos marcaba el mismo ritmo y que lo único que cambiaba era la letra, mientras que ahora ‘la Champeta’ ya tiene otro estatus porque los ritmos han cambiado a través de las fusiones que se han dado con el tiempo y que el modernismo ha exigido”.
Sobre la influencia decisiva de los ritmos traídos por los grupos invitados al Festival de Música del Caribe, el Presidente de la Salsa sentencia: “Eso fue una influencia grandísima porque cuando vinieron ‘Cuatro estrellas’, ‘Diblo dibala’, ‘Candabongo man’, ‘Burnie flay’ , ‘Inner cicle’, toda esa gama de artistas como ‘La coupe Clued’ de Haíti, los muchachos de aquí fueron emulando el ritmo y se fueron metiendo en el cuento del compás, o sea de la marcación del ritmo que le gustaba al bailador de Cartagena de Indias”.
“Nosotros tenemos algo que nos impacta y es el ritmo que nos pone a bailar y, la letra que diga lo que quiera decir. Pero el ritmo es el que nos contagia” afirma rotundo Hincapié.
*Falsa traducción*
De esos primeros tiempos de transición, el conocedor Hincapié recuerda: “Por eso mismo, agarraban las pistas de los temas que estaban pegados, porque aquí se bautizaban los temas africanos con nombres propios. En la época del presidente Cesar Gaviria se presentó el proceso de ‘el apagón’ y entonces agarraban unos discos de Guluca y lo bautizaban como ‘El apagón’, El Ején  y le iban poniendo nombres que le sonaban como ‘La ensalada’, ‘Los tambores’ y, si hablamos de eso no terminamos hoy, porque el cartagenero y el costeño en sí, tienen un oído para bromear y, entonces, agarraban las bromas y las convertían en discos que eran éxitos discográficos”.
Para concluir, sobre hacía dónde va el movimiento musical de Cartagena de Indias que se promueve a través de los bailes picoteros, señala: “El baile de picó es un proceso que está en ascuas, en terapia intensiva, como yo podría decir, porque los picós, a través de los decretos que han expedido las autoridades, el picó está en la mira de acabarlo. Una costumbre, una cultura, un arraigo que tiene más de cincuenta años en la costa colombiana. En Barranquilla hay procesos contra el gobierno. Hay levantamientos culturares que están en pos de que no se acabe este movimiento del picó”.
“El picó está en decadencia. Aunque volvieron a reducir el picó por las cuestiones de la contaminación acústica, convivencia y de las peleas que tienen el picó en la mira y, cómo Yo digo, el picó está en cuidados intensivos. Pero, con buena formación, con buena cultura de los picoteros, del cual Yo soy el que presido el movimiento de la salida, en Cartagena de Indias lo manejamos con muchas sutileza”.
https://youtu.be/JAC70tX-k2Q