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Policía y caficultores fortalecen seguridad en Emaús

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En el corregimiento de Emaús, zona rural de Magangué, la Policía cambió el ruido de las sirenas por el aroma del café recién colado y la conversación sincera con los finqueros.

En Emaús, corregimiento de Magangué, la mañana no se mide en minutos sino en labores: ordeño temprano, tierra húmeda bajo las botas y el sol que empieza a abrirse paso sobre los potreros. Hasta allí llegaron los uniformados, no con afán de operativo, sino con disposición de escucha.

Las patrullas avanzaron por caminos destapados, cruzaron cercas de alambre y tocaron puertas de madera golpeadas por el tiempo. En cada finca hubo un saludo respetuoso, una mirada atenta y una silla arrimada a la sombra para conversar. La escena se repitió varias veces: una mesa sencilla, pocillos esmaltados y café oscuro servido con generosidad.

Los policías hablaron de prevención del hurto, de canales de denuncia y de la importancia de avisar a tiempo cualquier movimiento sospechoso. Los campesinos, por su parte, contaron historias de noches silenciosas, de caminos solitarios y de la necesidad de sentir respaldo institucional más allá del casco urbano.

No fue una reunión formal. Fue, más bien, un diálogo sin barreras.
El coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar, explicó el sentido de estas jornadas rurales: “La seguridad no se construye únicamente con patrullajes; se fortalece cuando existe confianza. Por eso estamos llegando a las zonas rurales, escuchando a nuestros campesinos y trabajando de la mano con ellos para anticiparnos a cualquier amenaza”.

Uno de los finqueros del sector, mientras sostenía su taza entre las manos marcadas por el trabajo del campo, resumió lo que para muchos significó la visita: “A veces uno piensa que está lejos de todo. Pero cuando la Policía viene, se sienta aquí con nosotros y pregunta cómo estamos, uno siente respaldo. Eso da tranquilidad para seguir trabajando”.

La jornada hizo parte del modelo de Policía orientado a las personas y los territorios, una estrategia que busca presencia constante, diálogo directo y corresponsabilidad en la seguridad.

En Emaús no hubo capturas ni sirenas. Hubo algo quizás más duradero: compromiso mutuo. Porque en el campo bolivarense, la confianza —como la tierra— también se siembra, se cuida y se recoge con paciencia.