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La Flauta Mágica en el Canal del Dique: Un Viaje a Través del Tiempo y el Sonido

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Por: Eduardo Pertuz

Este no era el plan, pero a veces las mejores historias nacen de lo inesperado. Nos propusimos llevar a unos documentalistas cerca de Puerto Badel, en el Canal del Dique, a unos montículos cubiertos de vegetación. Lo que parecía un simple paseo se transformó en un encuentro con el pasado profundo de Colombia: el antiguo desembarcadero de Puerto Hormiga. Aquí, cientos de montículos atesoran conchas marinas, caracoles y fragmentos de cerámica, evidencia de una cultura aborigen que se remonta a 5000 años.

Fue aquí donde el gran antropólogo y arqueólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff descubrió lo que, en su momento, se consideró la cerámica más antigua del continente americano, bautizándola como la *Cultura Puerto Hormiga*. A esta le siguieron otras civilizaciones fascinantes como la Cultura Monsú y la Cultura Barlovento, todas ellas tejiendo la rica historia de esta tierra.

En nuestro grupo, teníamos a un joven con una pasión vibrante por la música ancestral del Caribe. Tocaba la flauta de millo, ese instrumento que resuena con el alma de nuestra región. Nuestra primera parada fue en la vereda El Recreo, un pequeño y acogedor poblado ribereño del Canal del Dique, ajeno al bullicio del turismo. Su gente nos recibió con una calidez asombrosa. Para agradecer su amabilidad, el flautista de millo les ofreció un improvisado concierto al son de unas maracas. La sorpresa fue mayúscula al descubrir que, en los alrededores del pueblo, había innumerables concheros de caracoles. Fue como si la historia se repitiera: lo que sucedió hace 5000 años, la recolección de caracoles que formó estos montículos, ¡sigue siendo una práctica viva hoy!

Continuamos nuestra ruta hacia Puerto Badel, un corregimiento de agricultores y pescadores que también nos recibió con gran cordialidad. Allí, Emerson nos guio hasta los concheros descubiertos en los años sesenta, muchos de ellos aún cubiertos por la densa manigua. Sabiendo que estábamos en territorio ancestral de la Cultura Puerto Hormiga, y casi sin planearlo, decidimos hacer un pequeño ritual: tocar la flauta de millo y las maracas como un símbolo de respeto y un mensaje a los espíritus que habitan este lugar sagrado.

Y aquí viene lo más curioso. Mientras nuestro improvisado concierto se desarrollaba en pleno bosque, alejado de la civilización, el viento arrastró las notas musicales a cientos de metros. Cristóbal, un campesino de la zona, las escuchó. Se imaginó que era algo sobrenatural, ¡quizás fantasmas! Con valentía, tomó su machete y se dirigió hacia el sonido melodioso. Su sorpresa fue mayúscula al ver que no eran espectros, sino humanos rindiendo tributo a quienes habitaron esta zona hace 5000 años. Cristóbal, un sabio campesino e historiador natural, se unió a nuestro ritual chamánico. Otros campesinos también escucharon la flauta de millo, aunque no se atrevieron a entrar al bosque. Solo nos vieron salir de la selva como figuras misteriosas, con la flauta sonando y Cristóbal, al son de sus palmas, despidiéndonos. Una experiencia inolvidable que conectó el pasado, el presente y la magia del Canal del Dique.