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Por: Carlos Díaz Acevedo
Cartagena de Indias no puede concebirse como una ciudad verdaderamente inteligente si no es también profundamente negra, afrodescendiente, cimarrona y palenquera. Y mucho menos si no es una ciudad diseñada y vivida desde una altura de un metro diez: la estatura simbólica de los niños y las niñas y la medida ética de sus derechos humanos.
Hoy, desde las lomas, los patios, los barrios populares y los centros comunitarios, emerge una pregunta urgente: ¿y si el futuro de la ciudad no se define exclusivamente desde los algoritmos de las grandes empresas tecnológicas o desde las oficinas de planeación, sino también desde la sabiduría de las abuelas, los cantos ancestrales, los cuentos infantiles, los toques de tambor y el sonido vibrante del picó en cada esquina caribeña?
Inspirada en la estrategia global de UNICEF «Ciudades Amigas de la Infancia», en el pensamiento de Francesco Tonucci y su concepto de “La ciudad de los niños”, así como en la propuesta del exalcalde de Roma Walter Veltroni —quien planteó la necesidad de repensar la ciudad desde la altura de un niño, es decir, desde un metro diez—, nació en 2016 en Cartagena la Agenda Ciudadana Infantil “Por una Cartagena un metro diez”. Esta iniciativa ha sido impulsada por organizaciones sociales como la Asociación Funsarep, la Asociación Narrarte, las Corporaciones Aprendiendo a Crecer y Raíces del Caribe, y ha contado con la participación activa de niños y niñas afrodescendientes de sectores populares ubicados entre el mar Caribe, el caño Juan Angola, el cerro de La Popa y la Ciénaga de la Virgen.
Esta agenda, plasmada en formatos escritos, audiovisuales y digitales, recoge las voces de los niños y las niñas protagonistas, quienes nos enseñan qué significa para ellos y ellas una familia, un barrio, una escuela, unos medios de comunicación y, sobre todo, una ciudad que esté verdaderamente a su altura. La agenda no solo sueña, propone: articula acciones para que sus demandas no queden como letra muerta, sino que se conviertan en políticas, prácticas y transformaciones reales.
A lo largo de casi una década, esta iniciativa ha evolucionado. En este camino, los desafíos son múltiples, especialmente frente a la transformación digital, la innovación educativa y el diseño urbano incluyente.
El modelo de ciudad inteligente ha tomado fuerza en Cartagena, como lo demuestran titulares como “Smart Heritage City Cartagena lista para iniciar su primera fase” o “Cartagena: Hacia una ciudad inteligente basada en datos”. Sin embargo, esta narrativa dominante ha excluido históricamente la mirada de la niñez y los aportes de las comunidades afrodescendientes.
Es aquí donde la propuesta “Black Smart City” de la ingeniera y exministra Paula Marcela Moreno cobra sentido: una visión de ciudad inteligente basada en el reconocimiento, la autonomía tecnológica y la cultura afrodescendiente como motor de desarrollo. Esta propuesta reivindica una ciudad no solo funcional, sino justa, tejida desde las memorias palenqueras, los saberes cimarrones y los afectos colectivos.
Una Cartagena Inteligente Un Metro Diez no es una utopía: es una apuesta política, cultural y tecnológica por una ciudad que escuche, que recuerde, que sueñe y que repare. Una ciudad donde el tambor sea plataforma, el barrio laboratorio, la champeta un lenguaje de programación y el palenque un modelo de gobernanza digital.
Desde esta perspectiva, los niños y niñas afrodescendientes —como los de la comunidad de La Bendición de Dios en la cima del cerro de La Popa— no son beneficiarios, sino protagonistas. Se propone una ciudad pensada de La Popa hacia abajo, y también de abajo hacia arriba; una ciudad a escala humana y afroinfantil, donde se crean laboratorios, juegos, mapas, historias, datos y redes con la infancia como centro.
Queremos enseñarles no solo a leer y escribir, sino a crear mundos, diseñar tecnología, habitar el futuro desde sus raíces negras y palenqueras. No deseamos una Smart City que vigile, sino una ciudad que escuche, que reconozca y que celebre la vida.
Cartagena será realmente inteligente si es también libre, afro, palenquera y a un metro diez. Si es capaz de incluir, educar y soñar con su infancia afrodescendiente como fuerza transformadora.
Y tú, ¿qué ciudad quieres programar?