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12 mayo 2026
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El auge del turismo en Cartagena de Indias impulsa una nueva generación de hoteles de lujo centrados en la experiencia.
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La hotelería boutique gana terreno en el centro histórico, con propuestas que privilegian diseño, ubicación y servicio.
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En ese contexto, Hotel Movich Cartagena De Indias refleja cómo el lujo en la ciudad se redefine desde lo local.
El crecimiento del turismo en Cartagena de Indias posiciona a la ciudad como uno de los destinos por excelencia en el país. Solo en 2025 la capital de Bolívar registró la llegada de más de 5.5 millones de visitantes entre pasajeros aéreos, terrestres y de cruceros, una cifra que confirma su lugar como uno de los principales destinos del Caribe. A eso se suma un aumento sostenido en la conectividad internacional y en la llegada de viajeros extranjeros, que creció cerca de 19% en el primer trimestre de ese mismo año.
El impacto de ese flujo también se refleja en la ocupación hotelera. Durante temporadas altas recientes, la ciudad ha superado el 80 por ciento de ocupación, con picos que evidencian una demanda constante por alojamiento formal. En paralelo, el turismo se ha convertido en uno de los principales motores económicos locales, concentrando más de la mitad del empleo en actividades asociadas al sector.
Ese volumen de visitantes ha empezado a modificar la manera en que se habita la ciudad. El interés ya no se limita a las playas o a las postales más conocidas. Hay una búsqueda más marcada por recorrer el centro histórico, por caminarlo, por entenderlo desde adentro. En ese contexto, la oferta hotelera también se ha transformado. Han ganado espacio los alojamientos de menor escala que se integran al tejido urbano y permiten una experiencia más cercana al ritmo cotidiano de Cartagena.
En esa lógica se inserta el Hotel Movich Cartagena De Indias, ubicado dentro de la ciudad amurallada y que cuenta con 32 habitaciones, además de 2 salones para eventos.
Más que un punto aislado dentro del mapa hotelero, su presencia ayuda a leer una tendencia más amplia. La preferencia por espacios que dialogan con la arquitectura del entorno y que permiten recorrer la ciudad a pie se ha vuelto un criterio cada vez más relevante para quienes visitan el destino.
En paralelo, también se ha consolidado un perfil de viajero que llega atraído por el lujo contemporáneo, entendido no como exceso sino como calidad en la experiencia. Son visitantes que priorizan la ubicación, el diseño, la gastronomía y el servicio personalizado, y que encuentran en propuestas como Movich una opción alineada con esas expectativas. La posibilidad de hospedarse en el centro histórico, acceder a espacios como terrazas con vista panorámica y contar con una oferta integral sin salir del hotel se convierte en un factor determinante en la elección.
Desde allí, la ciudad se reduce a trayectos cortos. Las plazas, las iglesias y las calles estrechas que concentran buena parte de la vida turística quedan a pocos minutos. La experiencia se construye en ese movimiento lento, en la posibilidad de detenerse, de observar los detalles, de habitar un lugar que no funciona únicamente como escenario.
En la parte alta del edificio, una terraza privilegiada con vista de 360° sobre la ciudad ofrece una lectura distinta del paisaje, una experiencia única en la ciudad. Los tejados, las murallas, las cúpulas, el mar y la bahía aparecen como un conjunto continuo que cambia con la luz del día, mientras la operación del espacio integra piscina, servicio de bar y la propuesta gastronómica de Alyzia, el restaurante del hotel, con una gastronomía de autor con base mediterránea y fusión caribeña que dialoga con el entorno. Este tipo de espacios se han vuelto cada vez más frecuentes en Cartagena, no solo como parte de la oferta hotelera sino como puntos desde los cuales entender la ciudad desde otra altura.
“La transformación del turismo en Cartagena sigue en curso. Las cifras hablan de crecimiento, pero también de un cambio en las expectativas de quienes llegan. En medio de ese proceso, la hotelería se adapta. No solo en capacidad, sino en la forma de proponer la experiencia. Lugares como Movich no explican por sí solos el fenómeno, pero sí permiten entender cómo el lujo, en este contexto, empieza a definirse menos por la escala y más por la manera en que se conecta con la ciudad; en eso estamos enfocados” concluye Laura Quintana, vicepresidenta comercial de Movich Hotels.