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El daño que deja el cigarrillo no siempre avisa. Durante años, una persona puede fumar sin notar síntomas evidentes, mientras en su cuerpo avanzan alteraciones que solo se hacen visibles cuando ya están avanzadas. En el Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo, vale la pena conocer una herramienta que puede marcar la diferencia entre detectar un problema a tiempo o descubrirlo demasiado tarde: las imágenes diagnósticas.
José William Rodríguez Pinilla, director docente de la Tecnología en Radiología e Imágenes Diagnósticas de la Areandina, sede Bogotá, explica que estos estudios cumplen un papel clave en la identificación temprana de las alteraciones asociadas al tabaco, incluso en etapas subclínicas, cuando el paciente todavía no presenta manifestaciones claras.
Una radiografía de tórax, por ejemplo, puede evidenciar cambios estructurales iniciales relacionados con la hiperinsuflación pulmonar o signos sugestivos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Estudios más avanzados, como la tomografía computarizada, detectan con mayor sensibilidad lesiones pequeñas, enfisema, fibrosis, alteraciones bronquiales y nódulos de riesgo, además de calcificaciones arteriales y compromiso vascular.
«El cuerpo de un fumador puede estar deteriorándose en silencio durante años. La gran ventaja de las imágenes es que nos permiten ver ese daño antes de que la persona lo sienta, y ese tiempo ganado suele ser decisivo», señala el docente de Areandina.
Las señales que no se deben dejar pasar
Hay síntomas que un fumador o exfumador no debería ignorar: tos persistente, dificultad para respirar que avanza con el tiempo, fatiga inusual, dolor en el pecho, expectoración frecuente, pérdida de peso sin explicación o menor tolerancia al ejercicio. Ante cualquiera de ellos, la valoración médica oportuna es fundamental.
En esos casos, la tomografía computarizada de tórax resulta especialmente útil para identificar enfisema, fibrosis intersticial, bronquiectasias y otros cambios vinculados a la EPOC. El detalle clave, advierte el experto, es que muchos pacientes acumulan daño progresivo durante años sin síntomas, y solo una detección temprana mejora las posibilidades de tratamiento y de modificar los factores de riesgo.
Aunque mucha gente asocia el cigarrillo únicamente con el cáncer de pulmón, su impacto es sistémico. A nivel cardiovascular son frecuentes la enfermedad ateroesclerótica, las calcificaciones vasculares y las alteraciones cardíacas estructurales, condiciones que aumentan de forma significativa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad vascular periférica. El tabaco también puede afectar la cavidad oral, la laringe y el tracto digestivo.
«Reducir el tabaquismo a un problema de pulmones es un error peligroso. El humo viaja por todo el organismo, y en las imágenes vemos con frecuencia un corazón y unos vasos sanguíneos tan comprometidos como las vías respiratorias», afirma Rodríguez.
¿Y cuál es la diferencia entre los exámenes? La radiografía de tórax es la herramienta inicial: permite ver alteraciones generales pulmonares, cardíacas y pleurales, pero puede pasar por alto lesiones pequeñas o cambios tempranos. La tomografía computarizada de baja dosis tiene mayor capacidad diagnóstica y se emplea, bajo criterios médicos establecidos, en programas de tamizaje para personas con alto riesgo de cáncer de pulmón, especialmente fumadores y exfumadores con antecedentes importantes de exposición. Este estudio identifica lesiones milimétricas que no se ven en una placa convencional.
Eso sí, ningún examen debería pedirse por cuenta propia. La pertinencia depende de la edad, los antecedentes, los síntomas, el tiempo de exposición al tabaco y los criterios definidos por las guías clínicas.
«La detección temprana cambia el pronóstico de muchas enfermedades. Cuando intervenimos antes de que el compromiso funcional sea severo, abrimos una ventana real de tratamiento y de mejor calidad de vida para el paciente», puntualiza.
El mensaje práctico para fumadores, exfumadores y sus familias es claro: el daño puede desarrollarse de manera silenciosa, así que la consulta médica oportuna, la suspensión del consumo y el acceso a una valoración clínica e imagenológica son herramientas esenciales para cuidar la salud.
Una advertencia final apunta a los cigarrillos electrónicos y vapeadores, hoy en el centro de la preocupación científica. Aunque suelen percibirse como alternativas menos nocivas, la inhalación de aerosoles, sustancias químicas, metales y saborizantes puede dañar progresivamente los tejidos respiratorios. Desde la radiología y la salud pública, la conclusión es contundente: ningún sistema de consumo inhalado de nicotina es inofensivo, y la prevención sigue siendo la mejor defensa.