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En Cartagena hay algo que la champeta ha enseñado por décadas: el descomplique no es solo una actitud, sino una forma de ver la vida. Entre picós y pistas improvisadas, este ritmo convirtió la música en una manera de enfrentar la vida, transformando las tensiones cotidianas en baile, encuentro y celebración.
Hoy, la champeta vive uno de los momentos más importantes de su historia. Tras recibir concepto favorable del Consejo Nacional de Patrimonio en 2025 y ser formalmente reconocida en 2026 como Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia, la conversación alrededor del género se amplió: ya no se trata únicamente de música o baile, sino de un universo cultural que incluye lenguaje, picós, fiestas y tradición oral, y que por décadas ha construido identidad en el Caribe colombiano.
Porque la champeta no solo se escucha: se vive. Y detrás de su energía existe una actitud que ha pasado de generación en generación: la de no quedarse atrapado en el problema, bajarle el peso a las preocupaciones y encontrar siempre una razón para seguir gozando.
Mucho antes de llegar a grandes escenarios o plataformas digitales, la champeta se tomó patios, esquinas y callejones gracias a los picós, enormes sistemas de sonido que reunían a comunidades enteras alrededor del baile y la música. Allí nació una cultura donde el vacile y el espeluque funcionan como una pausa frente a la rutina pesada.
La historia de la champeta es también la historia de múltiples encuentros culturales. Mientras sus ritmos e influencias llegaron desde África y las Antillas hasta la costa Caribe, fue Cartagena la que le dio acento, identidad y un lugar definitivo dentro de la cultura colombiana.
Esa capacidad de apropiarse de lo externo y volverlo alegría cotidiana explica por qué la champeta sigue tan vigente. Hoy, con artistas, festivales y eventos multitudinarios que continúan movilizando a miles de colombianos, el género mantiene intacta su esencia: recordarle a la gente que siempre hay espacio para el baile y la celebración.
Esa manera de ver la vida es la que conecta a Andina Light con la cultura champetera. Más allá de acompañar la celebración alrededor del género, la marca reconoce el valor de las nuevas voces y de los artistas emergentes que mantienen viva y en evolución esta expresión cultural.
Desde esa conexión nace “Tómatela ligera”, la campaña con la que Andina Light invita a mirar las situaciones cotidianas desde otra perspectiva y entender que muchas veces terminamos dándoles más peso del necesario. La propuesta también refleja lo que representa la marca: una cerveza ligera, con un balance ideal entre cuerpo y alcohol, pensada para disfrutar más liviano sin perder el sabor que les gusta a los colombianos. Para conectar este mensaje con la cultura y el lenguaje de la Costa Caribe, la campaña cuenta con la participación de reconocidos referentes de la escena champetera como Jader El Tremendo, Darwin El DJ y Chawala, quienes encarnan el espíritu alegre, espontáneo y descomplicado que inspira esta iniciativa.
“La champeta tiene una actitud que admiramos profundamente: esa capacidad de convertir cualquier momento en una oportunidad para disfrutar y no dejar que todo se vuelva tan pesado.
Con ‘Tómatela ligera’ queremos celebrar justamente esa manera de vivir, que conecta con la esencia de Andina Light y con una forma más liviana y positiva de disfrutar”, afirmó Miguel Andrés Ángel, gerente de mercadeo Andina.
Por eso, más que acompañar un género musical, Andina Light celebra una manera de ver la vida. Porque si algo ha demostrado la champeta es que cuando parece que todo es demasiado serio, siempre aparece un picó, amigos y una razón para tomársela ligera.