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Por José Luis Donado | Bolívar a un Paso
La desigualdad en Cartagena no comienza cuando un niño entra al colegio, busca su primer empleo o intenta acceder a una vivienda digna. En muchos casos, empieza incluso antes de nacer.
Esa fue una de las principales reflexiones planteadas por el médico cartagenero Jezid Miranda durante su participación en el encuentro académico organizado por ALZAK Foundation, realizado en el Hotel Intercontinental de Bocagrande, en el marco de los diez años de esta organización dedicada a la generación de evidencia científica en salud.
El evento reunió durante los días 15, 16 y 17 de julio a especialistas en salud pública, epidemiología, economía de la salud y atención materna, con el propósito de promover decisiones sustentadas en evidencia. ([Alzak Foundation][1])
Miranda, especialista en ginecología, obstetricia, medicina maternofetal y cirugía fetal, presentó una preocupante radiografía sobre la manera en que las condiciones económicas, sociales y territoriales pueden afectar el embarazo y el desarrollo de los bebés.
“La salud materna es un derecho humano”
Uno de los mensajes centrales de su intervención fue que la salud de una mujer embarazada no puede analizarse únicamente desde la biología o desde lo que ocurre dentro de un consultorio.
También intervienen el barrio donde vive, su alimentación, sus ingresos, el acceso al transporte, la posibilidad de asistir a controles prenatales, la calidad de los servicios médicos disponibles y las condiciones ambientales que la rodean.
Para Miranda, los profesionales de la salud y los investigadores no pueden permanecer únicamente dentro de las universidades o centros científicos. Su trabajo también debe contribuir a orientar a las secretarías de salud, hospitales, aseguradoras y gobiernos que toman decisiones sobre la distribución de los recursos.
El especialista ha insistido internacionalmente en que proteger la salud de las mujeres implica proteger sus derechos, su dignidad y su acceso a una atención adecuada. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos lo ha destacado por sus investigaciones sobre preeclampsia y por estudiar cómo las desigualdades sociales influyen en los resultados del embarazo.
Actualmente, Miranda también participa en discusiones internacionales desde la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, FIGO, relacionadas con el fortalecimiento de los sistemas de salud materna. ([ACNUDH][2])
El mapa de la pobreza también sería el mapa del bajo peso
Durante la conferencia, el médico presentó los resultados de un análisis realizado a partir de nacimientos registrados en diferentes sectores de Cartagena.
La pregunta que orientó la investigación fue tan sencilla como inquietante: ¿los bebés pesan diferente dependiendo del barrio donde vive su madre?
De acuerdo con los datos expuestos por Miranda, la respuesta es afirmativa.
En zonas con mejores condiciones socioeconómicas, como Manga, Bocagrande y algunos sectores de la zona norte, la proporción de bebés con bajo peso se acercaría al 10 %. Sin embargo, en barrios con mayores niveles de pobreza y vulnerabilidad, la cifra podría llegar aproximadamente al 20 %.
En otras palabras, según la información presentada, en algunos sectores vulnerables uno de cada cinco niños podría nacer con bajo peso.
“Dime dónde vives y te voy a decir cómo vas a pesar”, expresó el especialista al comparar el mapa de pobreza de Cartagena con la distribución territorial de los casos de bajo peso al nacer.
El señalamiento no significa que todos los bebés de un barrio pobre necesariamente tendrán complicaciones, sino que las condiciones sociales pueden aumentar la exposición a factores de riesgo como una alimentación insuficiente, embarazos adolescentes, controles prenatales tardíos, dificultades para acceder a especialistas y enfermedades maternas que no son detectadas oportunamente.
¿Por qué es tan grave el bajo peso al nacer?
La Organización Mundial de la Salud define el bajo peso al nacer como un peso inferior a los 2.500 gramos, independientemente de la edad gestacional.
Esta condición puede presentarse porque el bebé nació prematuramente, porque tuvo una restricción de crecimiento dentro del útero o por una combinación de ambas situaciones.
No se trata solamente de un número registrado en la báscula. Los bebés con bajo peso tienen mayores riesgos de complicaciones respiratorias, hospitalización, alteraciones en su desarrollo, enfermedades durante la infancia y problemas crónicos en la vida adulta.
La OMS advierte que estos recién nacidos tienen aproximadamente 20 veces más probabilidades de morir que los bebés de mayor peso. También pueden presentar mayores riesgos de dificultades en el desarrollo cognitivo, parálisis cerebral, problemas visuales y enfermedades como diabetes u obesidad durante la adultez. ([Organización Mundial de la Salud][3])
Una investigación desarrollada anteriormente en la Clínica Maternidad Rafael Calvo, con información de 7.217 gestantes, encontró una prevalencia general de bajo peso del 11,6 %, superior a las cifras de referencia de Colombia y Cartagena utilizadas en ese momento.
El estudio también encontró que asistir a cuatro o más controles prenatales estaba relacionado con una reducción del riesgo, mientras que los embarazos múltiples, la prematuridad y determinadas condiciones territoriales podían incrementarlo. ([ISPOR.org][4])
Cartagena ha mejorado, pero las brechas permanecen
La advertencia planteada por Miranda cobra especial importancia en una ciudad que, aunque ha registrado avances recientes, todavía enfrenta profundas brechas sociales.
Las cifras publicadas por el DANE muestran que la pobreza monetaria en Cartagena disminuyó del 41,1 % en 2024 al 34,6 % en 2025. Cerca de 59.000 personas habrían salido de esta condición durante ese periodo.
Sin embargo, Cartagena continuó presentando la mayor incidencia de pobreza entre las cinco principales capitales del país. La desigualdad de ingresos, medida mediante el coeficiente de Gini, también se ubicó en 0,486 durante 2025. ([Cartagena Cómo Vamos][5])
Estas cifras ayudan a entender por qué la discusión sobre salud materna no puede limitarse a construir más quirófanos, adquirir equipos costosos o reaccionar cuando una mujer ya presenta una emergencia.
La prevención comienza mucho antes: con nutrición adecuada, educación sexual y reproductiva, transporte oportuno, atención primaria, seguimiento de los embarazos de alto riesgo, disponibilidad de salas de parto y servicios cercanos a las comunidades más vulnerables.
El reto de invertir donde existen mayores riesgos
La presentación dejó una conclusión clara: las intervenciones en salud deben diseñarse teniendo en cuenta las diferencias entre territorios.
No todas las mujeres enfrentan los mismos riesgos ni tienen las mismas posibilidades de llegar a tiempo a una consulta. Por eso, las autoridades deben identificar los barrios donde se concentran los casos de bajo peso, preeclampsia, embarazo adolescente, mortalidad perinatal y ausencia de controles prenatales.
Esa información permitiría fortalecer programas de nutrición materna, visitas domiciliarias, búsqueda activa de gestantes, transporte asistencial, detección temprana de complicaciones y atención especializada en los sectores donde más se necesita.
El planteamiento también cuestiona las decisiones que reducen la capacidad de atención obstétrica. Cerrar una sala de partos sin crear una alternativa suficiente y accesible podría trasladar la presión hacia otros hospitales y aumentar las barreras para las mujeres de menores ingresos.
La prevención del cáncer también enfrenta barreras
Miranda aprovechó su intervención para llamar la atención sobre las bajas coberturas regionales de vacunación contra el virus del papiloma humano, VPH, principal causante del cáncer de cuello uterino.
Relató el caso de una mujer embarazada de 32 años diagnosticada con cáncer cervical que necesitó tratamiento durante su gestación. Aunque el embarazo pudo continuar y el niño sobrevivió, el especialista insistió en que muchas de estas situaciones pueden prevenirse mediante vacunación, tamizaje y detección oportuna.
Actualmente, el esquema público colombiano contempla una dosis de la vacuna contra el VPH para niños, niñas y adolescentes sanos entre los 9 y los 17 años, y dos dosis para personas inmunosuprimidas dentro del mismo rango de edad. ([Vacunación MinSalud][6])
El ejemplo refuerza una de las ideas centrales de la conferencia: no siempre faltan herramientas científicas. En ocasiones, lo que falla es su implementación, el acceso efectivo de la población y la capacidad institucional para llevarlas hasta los territorios.
Una ciudad que debe cuidar desde el vientre
La exposición del doctor Jezid Miranda dejó una reflexión que Cartagena debería convertir en tema de ciudad.
Un niño que nace con bajo peso, que llega prematuramente al mundo o que enfrenta complicaciones desde el embarazo comienza su vida con una desventaja que puede afectar su salud, su aprendizaje y sus oportunidades futuras.
Construir mejores colegios y ampliar los programas sociales es indispensable, pero algunas desigualdades ya se están formando durante la gestación.
Por eso, combatir la pobreza también significa garantizar que todas las mujeres, sin importar el barrio donde vivan, puedan alimentarse adecuadamente, recibir controles prenatales oportunos y dar a luz en condiciones seguras.
El verdadero desarrollo de Cartagena no debería medirse únicamente por sus hoteles, restaurantes, edificios o número de visitantes. También debería medirse por la posibilidad de que todos sus niños comiencen la vida con las mismas oportunidades.
Porque en una ciudad profundamente dividida, la primera manifestación de la desigualdad puede no aparecer en una encuesta de ingresos: puede aparecer en la báscula donde se pesa a un recién nacido.