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Ama tu profesión y trata de considerarla de tal manera que el día en el que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que sea abogado. Eduardo J. Couture, jurista uruguayo.
La palabra abogado proviene del latín advocatus: hablar por el otro, acudir en su auxilio y representarlo cuando más necesita que su voz sea escuchada.
Es oportuno recordar que los catorce de julio, en Francia, se conmemora la toma de la Bastilla, de 1789, génesis de aquella gloriosa revolución y de su lema subversivo: «Liberté, Égalité, Fraternité». De allí surgieron principios que hoy conservan plena vigencia: la igualdad ante la ley, frente a los privilegios del rey; la supremacía de las legislaciones sobre la voluntad del gobernante; el Estado de derecho; el debido proceso; la presunción de inocencia. Esta base posteriormente se desarrolló con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que llegó a nuestro país con la traducción del prócer Antonio Nariño, dando lugar a unas premisas que marcan la evolución del constitucionalismo moderno.
En la actualidad surgen unas narrativas que tratan de una especie de contrarrevolución cultural, basada en supuestos valores fundantes. Su finalidad es apagar, en algunos temas cruciales, el alba de nuestra Constitución de 1991. Se ponen de frente contra unos faroles que nos han alumbrado por más de treinta y cinco años. Buscan disminuir lo logrado en los derechos de las mujeres y minorías, en el reconocimiento de la diversidad sexual, en la defensa del medioambiente, incluso la pretensión de cambiar los currículos educativos para castrar el pensamiento crítico.
La pregunta es qué papel deben desempeñar los abogados en estos tiempos. Vale la pena rememorar ese 1789: cuando la gente se alzó, Luis XVI afirmó: «No ha pasado nada; solo se trata de un grupo de revoltosos, sin importancia». Allí, la revolución cobró mayor vigor; fue la primera vez que el pueblo francés le recordó al poder que su trono no era un regalo divino.
Respondiendo, claro que los profesionales del derecho tenemos roles que asumir: propagar ideales de paz y defensa a ultranza de los derechos fundamentales. Tender puentes con el pueblo para que conozca sus prerrogativas constitucionales —la tutela, las acciones populares y de inconstitucionalidad—. Además, avanzar, en suma, en ese pensamiento crítico que hoy quieren castrar.
Cabe una pregunta válida: ¿por qué el señor presidente electo prefirió posesionarse en un cantón militar y no en el Congreso, lugar apropiado para tal evento? Él lo sabe, como abogado: solo tres expresidentes se han posesionado en un cuartel militar. El dictador José María Melo se posesionó en 1854. Tomás Cipriano de Mosquera lo hizo en 1861. Luego, Rojas Pinilla ocupó el cargo durante su dictadura de 1953 a 1957. Ahora, este nuevo capítulo será juzgado por la historia con relación al señor Abelardo.
No podemos cerrar sin mencionar a dos destacados abogados. Lo haremos en dos frases. El alemán Rudolf von Ihering: «La finalidad del derecho es la paz; el medio para alcanzarla es la lucha». El abogado ha de luchar siempre por la justicia, usando el derecho como instrumento de convivencia pacífica y dignidad humana. Y Montesquieu nos recordó: «Una injusticia hecha a un individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad». Así, la misión permanente del jurista es la de defender a quienes depositan su confianza, la defensa de la libertad, la vigencia de la ley, el debido proceso y la paz social.
Vale relevar que estos derechos no son exclusivos, ni un privilegio de quienes pueden pagar abogados costosos; los letrados, a veces, son prenda de garantía para los desprotegidos, dique de contención contra la barbarie y atalaya protectora de la sociedad, cuando es vapuleada.
Adenda: No pocas veces se confunde al abogado con el cliente o su causa; ignorar esa distinción sería desconocer la esencia del Estado constitucional, donde todo procesado tiene derecho a un juicio justo y una defensa competente.
A menudo recuerda: ‘Tu deber es luchar por el derecho, pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia’ – Couture – Decálogo.
Orlando Díaz Atehortúa.
Columnista