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El invierno actualmente, por lo menos en buena parte del país, no da tregua y sus estragos no solo se miden en inundaciones y emergencias por caída de árboles y el desborde de los ríos o cascadas, sino además por la cantidad de bebés y niños que están llegando a los centros médicos con complicaciones respiratorias a raíz de las fuertes lluvias.
Las cifras no mienten. De acuerdo con datos oficiales del Instituto Nacional de Salud, solo en los primeros meses de 2025 se han registrado más de 1,2 millones de casos de IRA, con un preocupante aumento del 4 % en comparación con el mismo periodo del año anterior. De hecho, solo en lo corrido del primer trimestre se han presentado más de 54.000 hospitalizaciones y cerca de 7.000 ingresos a Unidades de Cuidados Intensivos pediátricas a causa de estas afecciones.
Ante esta situación, Ángela María Álvarez, docente del programa de Terapia Respiratoria de la Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira, desarrolló una guía práctica y fácil de implementar en casa para que los padres de familia y cuidadores conozcan cómo actuar oportunamente ante una crisis respiratoria de un niño con medidas simples pero efectivas, siempre con acompañamiento profesional.
Estos cuidados, explica Álvarez, “son un apoyo, no un reemplazo del tratamiento médico. Por eso, la primera recomendación es siempre consultar con un profesional antes de iniciar cualquier maniobra”, precisa.
Entre las principales acciones seguras y básicas que se pueden realizar para mejorar la respiración de un menor, especialmente en cuadros leves o como complemento al tratamiento médico, se deben tener en cuenta, primero, el Lavado de nariz con suero fisiológico. Este consiste en aplicar una solución salina estéril en las fosas nasales del niño para facilitar la limpieza de mucosidades y permitir que el aire fluya mejor.
“Se recomienda hacerlo con una jeringa sin aguja, dispositivos tipo spray o gotas, siempre y cuando se realice con delicadeza y con productos seguros. Asimismo, es muy importante no usar objetos puntiagudos ni presionar con fuerza para evitar lesiones en la mucosa”, indica Álvarez.
También se pueden utilizar aspiradores nasales —manuales o eléctricos— para ayudar a los niños más pequeños, que aún no saben sonarse, a expulsar las secreciones. Estos dispositivos deben limpiarse rigurosamente después de cada uso.
Igualmente, existen otras medidas sencillas que no requieren tecnología médica, como el posicionamiento del niño. ¿Qué quiere decir esto? Sencillo, se trata de mantenerlo erguido o elevar la cabecera de la cama favorece la entrada de aire a los pulmones y puede aliviar la sensación de congestión.
Sin embargo, cuando se trata de dispositivos más complejos como los generadores de aerosol (nebulizadores), su uso debe estar estrictamente prescrito por el médico tratante.
“Recuerde, ningún dispositivo debe usarse por iniciativa propia. Todo medicamento inhalado o técnica más especializada debe ser supervisada por un terapeuta respiratorio o médico, ya que una mala aplicación puede empeorar el cuadro clínico”, advierte la docente de Areandina.
6 señales para identificar signos de alarma en un niño con infección respiratoria aguda
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Respiración acelerada, como si el menor estuviera corriendo pese a que este quieto o acostado.
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Hundimiento de las costillas o del cuello al respirar, señal de que está haciendo un gran esfuerzo.
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Ruido anormal al respirar, como silbidos, ronquidos o quejidos.
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Coloración azulada en labios o uñas, signo de falta de oxígeno.
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Somnolencia excesiva o decaimiento.
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Dificultad para comer, lactar o hablar, debido a la falta de aire.
“En estos casos los padres y cuidadores deben estar muy atentos. Si alguno de estos seis signos aparece luego de seguir las recomendaciones iniciales, deben suspender cualquier terapia en casa y acudir inmediatamente a urgencias. No hay tiempo que perder cuando hay señales de dificultad respiratoria”, enfatiza Álvarez.
Al mismo tiempo, es importante destacar que la indicación de terapia respiratoria domiciliaria en fases agudas debe ser hecha por un terapeuta respiratorio, el cual diseña un plan de atención individualizado que también debe ser explicado a los cuidadores.
“Nuestro papel no es solo aplicar técnicas, sino enseñar a las familias cómo cuidar, qué observar, cómo actuar y cuándo pedir ayuda”, señala la experta.
Cinco consejos para preparar al menor antes de iniciar la terapia
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Háblele con claridad, usando un lenguaje simple: dígale, por ejemplo, “vamos a limpiar tu naricita para que puedas respirar mejor”.
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Cree un ambiente tranquilo, sin ruidos fuertes, con temperatura agradable y buena iluminación.
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Involucre al niño si tiene edad suficiente, permitiéndole participar eligiendo música, sujetando una toalla o ayudando en algo pequeño.
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Use una distracción positiva, como cuentos, juegos de soplo, burbujas o canciones suaves.
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Refuerce positivamente después de cada sesión, con palabras de aliento, abrazos o recompensas simbólicas como una estrellita.
Estas estrategias ayudan a que el menor perciba el proceso como algo familiar y seguro, reduciendo el miedo y aumentando su cooperación.
Finalmente recuerde que la prevención, el acompañamiento y la educación, siempre serán aspectos clave para aplicar en casa. “Aunque existen formas de apoyar a los niños con problemas respiratorios desde casa, ninguna acción debe tomarse sin la guía de un profesional. Un cuidado bien informado y guiado no solo mejora la recuperación, sino que también fortalece la confianza entre padres, cuidadores y el sistema de salud”, concluye Álvarez.
Relación con medios: Andrés Vera / El Conserje Marketing de Opinión / Cel. 3204989306 / avera@grupoelconserje.com