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El poder del amor de la madre

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Por: José Consuegra

Estas historias nos ratifican el sentimiento y la fortaleza únicos e incomparables, exclusivos de las madres, que sobrepasan cualquier límite natural si se trata del bienestar de los hijos y que sirve de combustible a la voluntad y a las fuerzas físicas para conseguir ese objetivo loable, incluso, sacrificando su propia vida.

Contra todo pronóstico, tras los destructivos terremotos del 24 de junio en Venezuela, una mujer fue rescatada con su bebé de apenas 18 días de nacido, pues se encontraban bajo toneladas de escombros, en medio de la oscuridad y sin espacio para moverse. La sorprendente historia se hizo rápidamente viral y se convirtió en símbolo de esperanza en medio de la dolorosa avalancha de noticias de la tragedia en el país hermano.

Dayana Patiño y el pequeño Juan David cayeron desde su apartamento en el octavo piso de un edificio en La Guaira, hasta quedar en uno de esos “huecos de vida”, como les llaman los rescatistas a las áreas entre las losas que no caen simétricamente y que, al formar una especie de cápsula, permiten la circulación de oxígeno. Fue un verdadero milagro, solamente posible por el amor inagotable de la maternidad, como lo ratificaron también otras madres que, para la fortuna de muchas familias, salvaron a sus hijos de la muerte en tan críticos momentos.

El relato de lo sucedido es tan conmovedor como asombroso. Dayana nunca soltó al bebé de sus brazos y fue precisamente él quien la motivó a superar la adversidad: “…le tocaba la nariz para comprobar que seguía respirando; mientras él estuviera vivo, yo también lo estaría”, contó la mujer.

Como ella y todas las madres venezolanas que vivieron el trance de este fenómeno natural, muchas mujeres, a lo largo de la historia, se han sacrificado por la vida de sus hijos, logrando hazañas ejemplares y admirables, tales como las madres del Holocausto, que se separaron de sus hijos pequeños, entregándolos a extraños o dejándolos en escondites para salvarlos de los campos de exterminio. Justamente, una mujer, madre de tres hijos, la enfermera polaca Irena Sendler, conocida como El ángel del gueto de Varsovia, fue reconocida por haber liderado acciones para salvar a 2500 de esos niños judíos, por lo cual fue torturada y, por suerte, pudo escapar de la ejecución.

Entre muchas otras, en esa lista de mujeres valerosas también están las Madres de la Plaza de Mayo, ese grupo que, desde 1977, empezó a exigir respuestas sobre el paradero de sus hijos desaparecidos durante el régimen dictatorial de entonces en Argentina.

Estas historias nos ratifican el sentimiento y la fortaleza únicos e incomparables, exclusivos de las madres, que sobrepasan cualquier límite natural si se trata del bienestar de los hijos y que sirve de combustible a la voluntad y a las fuerzas físicas para conseguir ese objetivo loable, incluso, sacrificando su propia vida.

@Rector_Unisimon