Formación del personal: la apuesta de Mutualser y Fundación Ser Social para transformar los Montes de María
26 agosto 2026
Conocedores de historias en las que la necesidad y las dificultades muchas veces reinan, los policías comunitarios recorren las calles de Turbaco llevando esperanza, escuchando a la comunidad y, cuando pueden, convirtiendo la solidaridad en acciones que cambian vidas.
Hay quienes conocen las necesidades de una comunidad desde las estadísticas, los informes o las cifras. Los policías, en cambio, muchas veces las conocen de frente: en cada calle que recorren, en cada puerta que tocan y en cada historia que escuchan.
En sus patrullajes no solo encuentran situaciones que requieren su intervención. También se cruzan con familias que enfrentan dificultades en silencio, personas que necesitan una mano amiga y pequeñas historias que, con un gesto de solidaridad, pueden comenzar a escribirse de una manera diferente.
Así fue como una patrulla de la Policía Comunitaria en el municipio de Turbaco, durante uno de sus recorridos por el barrio Villa Santa Catalina, en el municipio de Turbaco, conoció la historia de César de Jesús Elles y de su madre, Yarlenis Hernández.
César tiene 26 años y nació con parálisis cerebral. Desde entonces, su vida ha estado acompañada por el amor, la dedicación y los cuidados de su madre, una mujer que ha hecho de la fortaleza una forma de vida y a quien los policías, con cariño, terminaron llamando “la Súper Mamá”.
Porque detrás de cada historia difícil también hay personas que no se rinden. Mujeres y hombres que, aun cuando las circunstancias parecen adversas, encuentran fuerzas para seguir adelante. Yarlenis es una de ellas.
Al conocer su historia y las condiciones en las que vivía César, los patrulleros Amaya, Serpa y medina decidieron que no podían ser simplemente espectadores. Desde su vocación de servicio, comenzaron a buscar la manera de ayudar.
La necesidad más urgente era cambiar un techo y proteger a César de la lluvia, que le permitiera contar con un espacio más digno y seguro. Pero la ayuda fue más allá.
Con solidaridad y el apoyo de personas que se sumaron a esta iniciativa, los policías lograron aportar elementos de uso diario, mejorar las condiciones de su habitación y llevarle a César un detalle que, aunque sencillo, tenía un significado enorme: una torta para celebrar su cumpleaños y recordarle que no estaba solo.
Ese día, la Policía no llegó únicamente con un uniforme. Llegó con humanidad.
Para César y Yarlenis, aquellos policías dejaron de ser simplemente los hombres que patrullaban las calles. Se convirtieron en amigos, en aliados y, como ellos mismos lo expresan, en nuevos padrinos de los protagonistas de esta historia.
No son creadores de contenido sin rostro. Son policías. Hombres que, además de proteger y servir, también pueden convertirse en protagonistas de historias de solidaridad, demostrando que la seguridad y la convivencia se construyen no solo con autoridad, sino también con empatía, cercanía y compromiso con la comunidad.
Y para César, aquel nuevo techo será mucho más que unas paredes que lo protegen ahora de la lluvia.
Será el recuerdo de que, en medio de las dificultades, tres policías decidieron tocar a su puerta y demostrarle que el sentido de humanidad es el complemento de «Dios y Patria».