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La cosa se está poniendo color de hormiga

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Por: Orlando Díaz Atehortúa

Colombia entra en una nueva contienda presidencial, en medio de una intensa polarización política. El debate público se ha tensado hasta niveles preocupantes, con descalificaciones y discursos de odio. En ese clima, las candidaturas empiezan a definirse y los primeros números permiten hacer un análisis prudente sobre lo que podría ocurrir en las urnas.

Dentro de la llamada “gran torta” electoral, el progresismo, representado por Iván Cepeda, partiría con cerca del 36,4 % de intención de voto. Le seguiría, la derecha radical, de Abelardo de la Espriella, con alrededor del 27,9 %. Más atrás, aparece la derecha moderada, encabezada por Paloma Valencia,con un 17,5 %, mientras que el centro político, de Sergio Fajardo, se ubica cerca del 7,8 %.

Estos números sugieren que la competencia se desarrollará en un escenario fragmentado, donde ningún candidato parece tener, por ahora, la fuerza suficiente para ganar en primera vuelta. Una parte relevante del electorado sigue distribuida entre sectores independientes o votantes que aún no toman una decisión definitiva.

La geografía electoral también influye de manera determinante. El progresismo conserva fortalezas, en departamentos, como Cauca, Nariño, Chocó y Valle del Cauca. En contraste, la derecha mantiene bastiones tradicionales en Antioquia y el Eje Cafetero. En la región Caribe, el voto suele estar influido por estructuras políticas regionales, capaces de movilizar importantes maquinarias electorales, mientras que Bogotá, se caracteriza por un voto más ligado a corrientes de opinión pública, participación juvenil y evaluación del desempeño gubernamental.

Si estas tendencias se mantienen, lo más probable es que el progresismo alcance en una primera vuelta entre el 28 y el 30 % de la votación. La derecha de Paloma Valencia, podría moverse entre el 20 y el 23 %, mientras que la derecha radical, de Abelardo de la Espriella, oscilaría entre el 17 y el 20 %. El resto del electorado se distribuiría entre Sergio Fajardo y otros aspirantes de menor fuerza política.

En ese escenario, ningún candidato tendría posibilidades reales de triunfar en la primera vuelta. Todo indicaría que la disputa se trasladaría a una segunda ronda, entre el progresismo y la derecha. Allí el papel del centro político sería decisivo. El voto moderado podría inclinar la balanza hacia cualquiera de los dos bloques o dividirse, como suele ocurrir en contextos de alta polarización.

Para la derecha, una opción de triunfo dependería de la capacidad de articular una convergencia entre sus sectores moderados y radicales. Una eventual alianza entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, podría concentrar una significativa parte de ese electorado. Sin embargo, el voto de los sectores cercanos a Sergio Fajardo, probablemente se fragmentaria : una parte podría inclinarse hacia el progresismo y otra hacia la derecha.

El progresismo, por su parte, solo tendría opciones reales de victoria si logra ampliar su base hacia el centro político, mediante acuerdos programáticos con sectores de la Alianza Verde, del Partido Liberal y  otros, además debe capitalizar resultados de gobierno, que movilicen a jóvenes, sectores populares y votantes urbanos.

Así las cosas, el panorama electoral colombiano apunta hacia una competencia abierta y altamente disputada. Más que una carrera definida por un solo candidato, se perfila como una contienda,  donde las alianzas, las regiones y el comportamiento del voto moderado, terminarán siendo determinantes para definir quién llegará finalmente a la Casa de Nariño.

ORLANDO DÍAZ ATEHORTUA

Columnista