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La tomasina que se enamoró de Cartagena y hoy transforma rostros desde la medicina estética

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Desde Santo Tomás, Atlántico, hasta la heroica Cartagena de Indias, la doctora Vanessa Fernández ha construido una historia marcada por la disciplina, el liderazgo y una visión renovada de la medicina estética. Egresada de Medicina de la Universidad Libre de Barranquilla, donde fue reconocida como una de las estudiantes más destacadas de su promoción tanto en lo académico como en liderazgo, decidió enfocar su vocación hacia una estética más consciente y humana.

Su formación en Medicina Estética en la Universidad del Tolima consolidó una filosofía clara: la belleza no debe imponerse, debe respetarse. Lejos de los excesos y las tendencias pasajeras, Vanessa apuesta por la naturalidad, la armonía y la individualidad de cada paciente.

Fue Cartagena la ciudad que terminó de darle forma a su sueño. Cautivada por su luz, su arquitectura y su energía vibrante, eligió este destino para abrir Beauty Lab, un consultorio que define como un “laboratorio de belleza”, donde cada tratamiento nace del diálogo entre ciencia, arte y sensibilidad.

“Beauty Lab nació del deseo de crear un espacio donde la belleza no sea un estándar, sino una expresión personal. Creo profundamente en el poder de verse bien para sentirse mejor, sin perder la esencia de cada rostro, de cada historia”, afirma la médica.

En su consultorio, cada paciente encuentra más que un procedimiento estético: encuentra escucha, acompañamiento y una visión ética de la profesión. Vanessa combina su sólida formación académica con una sensibilidad que le permite entender que detrás de cada rostro hay procesos, emociones y sueños.

Hoy, esta tomasina se consolida como una de las nuevas referentes de la medicina estética en la región Caribe. Y lo hace desde Cartagena, la ciudad que la enamoró y donde decidió echar raíces para construir, con vocación y carácter, el futuro que imaginó desde niña: uno en el que cada historia se honra con autenticidad, ciencia y alma.