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¿Puede el microcrédito impulsar la cartera crediticia colombiana en 2026? Las cifras dicen que sí

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Aunque el microcrédito representa una porción todavía reducida del total de la cartera crediticia en Colombia, se ha consolidado como uno de los segmentos con mayor dinamismo del sistema financiero. Para 2026, según Anif, se espera un crecimiento cercano al 11,2% y 10,7%. en microcréditos orientados a negocios productivos, reflejando un impulso sostenido para fortalecer la base empresarial popular del país, que actualmente representa el 94,3% del tejido total.

De acuerdo con Federico Gómez, CEO y cofundador de la fintech Plurall, el microcrédito se ha convertido en un verdadero “motor de resiliencia” de la economía colombiana. Mientras el crédito de consumo tradicional se ha desacelerado por el alto costo del dinero, el crédito productivo continúa acelerándose.

“Una de las razones clave de este crecimiento se debe al aumento de la necesidad de capital de trabajo: con una inflación acumulada del 38% en los últimos cinco años, los microempresarios demandan montos nominales más altos para comprar la misma cantidad de mercancía o insumos, en un contexto donde su capacidad de compra ha disminuido, pero sus obligaciones se mantienen o incluso aumentan”, mencionó Gómez.

A esto se suma la migración de esquemas informales de financiamiento, como el denominado “gota a gota”, hacia alternativas formales. Las políticas nacionales de inclusión financiera durante 2024 y 2025 han impulsado a que muchos negocios prefieran una tasa de usura controlada, aunque elevada, antes que recurrir a la informalidad.

De igual forma, los factores socioeconómicos también han influido, ya que la desaceleración del empleo formal ha jugado un papel relevante. Cuando el empleo corporativo se estanca, el emprendimiento por necesidad aumenta, disparando la demanda de microcrédito. A diferencia del crédito de consumo, el microcrédito es capital semilla o de trabajo, lo que permite que el empresario priorice el pago de esta obligación al tratarse de su principal herramienta de sustento.

En cuanto a los sectores que lideran la demanda, desde Plurall mencionan que han evidenciado una segmentación clara hacia el comercio al por menor y la gastronomía, concentrando el mayor volumen de solicitudes, principalmente para la adquisición de inventarios y materias primas. También se destaca el aumento de los servicios de cuidado y salud, como peluquerías y centros de estética, a causa de su alta rotación de efectivo. Además, se suman los emprendedores digitales, o lo que llaman el grupo “tech savvy”, que utilizan billeteras digitales y buscan financiamiento para escalar sus ventas en marketplaces.

Y es que las fintech y las entidades especializadas han sido actores fundamentales ante esta expansión, cerrando las brechas que la banca tradicional no suele atender. Esto, gracias a procesos de onboarding ágiles, respuestas en minutos, el uso de datos alternativos como el análisis de comportamiento digital y a la creación de múltiples herramientas tecnológicas de inteligencia artificial.

Finalmente, de cara a 2026, Gómez señala que, si el entorno económico se estabiliza como lo tienen proyectado, el sector vislumbra tres tendencias clave: “la consolidación de créditos productivos de mayor monto para pymes en crecimiento, con préstamos entre $150 y $210 millones (hasta 120 SMMLV); una baja en la tasa de usura a medida que la inflación ceda, permitiéndonos ofrecer tasas más competitivas; y una mayor especialización, con productos de crédito diseñados para industrias específicas como agro y comercio electrónico”, concluyó el experto.