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Real Cartagena y una corona bastante despistada

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Por: Antonio José Meneses Cardona

Cartagena de Indias tiene una relación curiosa con las coronas, se sabe que, por años ha sido sede del Concurso Nacional de la belleza, donde se corona a la mujer más linda del país, y otra relación que nos ha dejado el expansionismo de la cebada amarga, en Cartagena hoy, ya sea por gustos o por meter los monos, se toma más corona y coronita que águila y costeñita.

Durante siglos, Cartagena tuvo una pesada corona encima, después hizo hasta lo imposible por quitársela y casi doscientos años más tarde decidió ponerle una a su equipo de fútbol. “No deja de ser maravilloso”.
Nuestra ciudad protagonizó uno de los capítulos más heroicos de la Independencia. El 11 de noviembre de 1811, los cartageneros resolvieron que aquello de obedecer al rey de España ya no les parecía particularmente atractivo y declararon su independencia absoluta. Ojo!, al fin alguna coherencia, la Barra Brava oficial del equipo se llama “Rebelión Auriverde Norte”, algo de rebeldes tuvimos que adoptar.

Retomando; La decisión no salió barata, y eso de absoluta, tampoco fue así como así, Cartagena soportó después el terrible sitio de 1815, sufrió hambre, enfermedades y muerte, y pagó un precio enorme por defender su libertad. De semejante sacrificio nació para siempre aquello de Cartagena, la Heroica.

Hasta ahí, todo perfectamente republicano, el problema o paradoja —si podemos llamarlos así— aparece muchos años después, cuando llega el fútbol. Porque cuando hubo que bautizar al equipo profesional de la ciudad, entre todas las palabras disponibles en el amplio y generoso idioma castellano, terminamos escogiendo una particularmente interesante; “REAL”.

Real Cartagena.
Sí señor, La ciudad que expulsó al rey, tiene un equipo que suena como si todavía estuviera esperando autorización de Su Majestad para jugar el domingo, así como el rey emérito Juan Carlos engalana el Santiago Bernabeu desde su palco.
Y para completar la escena, una corona al mejor e idéntico estilo “merengue” ha terminado formando parte de la identidad gráfica del club. Por cierto, los banderines a lo calles de Getsemaní que portaba el escudo anterior, a mi juicio daban severa identidad.

No nos preocupemos del todo, y que de pronto nos sirva un poco de pomada lo siguiente; la mismísima “madre patria”, tiene sus incongruencias en cuanto a este tema, la Real Sociedad, Club de futbol de la Ciudad de San Sebastián, perteneciente al País vasco, territorio español anti monárquico y por excelencia pro independentista, lleva este titulo de REAL desde 1910 cuando el rey Alfonso XIII, aprovechando los lazos amistosos con la ciudad vasca en ese entonces, le otorgó el tan supremo titulo.

Así mismo ocurre con el RCD Espanyol de Barcelona, siglas iniciales que traducen; Real Club Deportivo, siendo un equipo catalán, de la región quizás más anti monárquica y que reclama su independencia, cada vez que desean algo más grande del Estado y así mismo al igual que la Real Sociedad, conservan hasta el día de hoy como primer nombre el titulo REAL. Ahora bien, ellos siempre recibirán un beneficio de la Real Federación Española de Futbol, pero ¿nosotros que?

Alguno imagina a algún prócer cartagenero despertando de una siesta de doscientos años, mirando el escudo de hoy y preguntando:
—Perdón… ¿nosotros no habíamos resuelto ya este asunto?
Pero no nos alarmemos, la historia también tiene sentido del humor.
Además, Cartagena siempre ha tenido una extraordinaria capacidad para mezclar cosas aparentemente incompatibles; su mercado publico atravesado en la mitad de su principal arteria vial, el monumento de la raizal India Catalina elaborado por un español, la venta de bienes de uso público (como playas) a cadenas hoteleras; pero mejor continuemos con la historia y el futbol.

Así que tampoco debería sorprendernos demasiado tener un Real en la Heroica, de hecho, quizá allí esté precisamente el encanto.
Nuestro escudo republicano contiene una cadena rota, símbolo de libertad, el del equipo ha llevado una corona. Dicho de otra manera, Cartagena rompió las cadenas, pero decidió conservar la corona a lo mejor para jugar al fútbol como reyes de este deporte, o danzar como la realeza el vals Danubio azul, por los 15 años de estar recreando la segunda categoría.

Imaginen, además, una conversación entre el rey Fernando VII, Pablo Morillo y de lado de los mártires; José María García de Toledo y Antonio José de Ayos:
—Cartagena volverá a ser Real –Dicen los nacidos en España.
—¡Jamás! – Expresaron nuestros próceres.
—¿Seguro? – Insisten los ibéricos.
—¡Absolutamente, por eso morimos! – Exclamaron los nuestros.
—Bueno… esperemos unos ciento sesenta años y hablamos. – Concluyeron los Españoles. Y, Plop!!! apareció el Real Cartagena.
Eso sí, la Corona española probablemente habría preferido otra clase de reconquista. Después de semejante resistencia en 1815, resulta difícil imaginar que alguien haya previsto que la palabra “Real” regresaría algún día a Cartagena acompañada de un balón de fútbol.

Pero aquí estamos y quizá deberíamos mirar la paradoja con cariño jovial, porque el Real Cartagena es profundamente cartagenero independientemente de su nombre; sus alegrías, sus sufrimientos, sus ascensos, sus descensos y esa peculiar habilidad para poner a prueba el sistema cardiovascular y la salud mental de sus aficionados, pertenecen por completo a esta ciudad.

Ser hincha del Real también exige cierto heroísmo, por eso tal vez no haya que cambiar absolutamente nada, siendo así, entonces que permanezca la corona, solo que se asumirá que será por ellos. Después de todo, Cartagena ya demostró hace más de dos siglos que no le teme a ninguna.

Y si algún día, un extranjero pregunta, cómo es posible que el equipo de la Ciudad Heroica, orgullosa de haberse independizado de la Corona española, se llame Real Cartagena, podemos responder con absoluta tranquilidad:
—Es una larga historia.
Y después agregar:
—Pero siéntate, porque la historia de cuándo vamos a volver a primera división puede ser todavía más larga, Salud!.