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San Diego ayer, Getsemaní hoy (Cartagena sin cartageneros)

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Por: Freddy Machado

Sin resistencia, sometidos por la implacable ley de la oferta y la demanda, un día el legendario barrio de San Diego -un vecindario histórico de Cartagena-, amaneció sin sus nativos (raizales).

Y, en forma indolente, el Distrito de Cartagena -y sus líderes-, percatándose del desplazamiento de sus gentes, optaron por mirar para otro lado.

Eso mismo no pasó en la capital.

Nos dicen que en el barrio La Candelaria en Bogotá, para impedir el abandono y la exclusión de los hijos de esa barriada, el Distrito reclasificó el sector, ubicándolos como de estrato 1. Esa política pública, automáticamente, trajo consigo la reducción de los costos de los impuesto (catastro y otros) y los servicios de agua, luz y gas.

Son gobernanzas válidas y viables, en defensa de los locales.

Los nativos de San Diego vendieron sus casas, entre otras cosas, porque no podían asumir los costos de servicios e impuestos. Hoy, muchos de los antiguos vecinos, recorren las calles de San Diego con la nostalgia de que en esas casas vivieron sus abuelos. ¡Qué guayabo.!

Lo peor es que hoy, las viviendas de sus antepasados, son casas “fantasmas”, ocupadas por vigilantes pues durante todo el año, excepto en vacaciones de junio, diciembre y semana santa, sus dueños casi siempre están ausentes.

Los propietarios de los inmuebles solo viven por temporadas.

Y, también sufre Cartagena, porque otras casas de San Diego son alquiladas para fiestas y francachelas, perturbando la tranquilidad de los últimos vecinos locales.

Lo peor es que el Distrito tampoco se interesó en cuidar ese valioso patrimonio histórico pues las casas, hoy por hoy, solo son fachadas ya que sus dueños las desbarataron perversamente para instalar azoteas lujosas, piscinas y hasta miradores que afectan la arquitectura original del barrio.

Y ahora van por ti Getsemaní…

Es imperdonable que la Alcaldía de Cartagena, conociendo la experiencia del barrio San Diego, en vez de elaborar un proyecto que garantice la continuidad de los nativos de Getsemaní, prefiera seguir, imperturbable, como un espectador privilegiado, nuevamente mirando para otro lado.

Es muy triste ver a mis vecinos de San Diego, sin rumbo, desconcertados, recorriendo su antiguo barrio pues tantas historias y recuerdos se quedaron “encerrados” en sus viejos caserones.

Lo más relevante es que los San Dieganos, muy solidarios, mantienen la esperanza de que su historia no se repita en el antiguo “Jet-semaní”. Es obvio que la postura de seguir mirando para otro lado, evidencia que preferimos construir, una Cartagena sin cartageneros.