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Crónica
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
La cantadora ‘Sonia Bazanta Vides, más conocida como ‘Totó, la Momposina’, demostró que también amaba la música vallenata. Todo sucedió en Valledupar, donde en varias en varias ocasiones se presentó en el Festival de la Leyenda Vallenata y en medio de sus cantos folclóricos, en una ocasión se recuerda interpretó el tema ‘Las Islas canarias’, también conocida como ‘El sueño español’ de la autoría del compositor Adriano Salas Manjarrés que grabaron Luis Enrique Martínez, ‘El Pollo Vallenato’ y posteriormente en el año 1975 Freddy Peralta y Miguel López.
La letra central de esta historia habla de un viaje imaginario “Yo soñé con las Islas Canarias que había ido volando en un avión, pero al despertar de mi sueño me encuentro en mi tierra con esta ilusión”.
‘Toto, La Momposina se emocionó cantando esa canción y destacó el trabajo que se cumplía para darle la mayor importancia a la música vallenata. También cuando se encontraba con artistas vallenatos resaltaba el trabajo que se hace para conservar y promover el vallenato raizal, tarea que cumple desde 1986 la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.
Ella también acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia, el 10 de diciembre de 1982, donde también estuvieron presentes Poncho y Emiliano Zuleta, Pedro García, Pablo López, Leonor González Mina ‘La Negra Grande de Colombia’, entre otros. De la delegación hicieron parte Consuelo Araujonoguera, el maestro Rafael Escalona y Gloria Triana. Allá sonaron los vallenatos y las cumbias. El baile de Gabo con Toto fue llamativo.
La candela viva
Tres años atrás ‘Toto, La Momposina’, había vivido una bonita experiencia en Chimichagua, Cesar, cuando la tarde del miércoles 26 de junio de 1979 conoció al maestro Heriberto Pretel Medina, quien le contó la historia de su célebre canción ‘La candela viva’ que ella divulgó por muchos lugares de Colombia y el mundo. Además, en esa ocasión estuvo como invitada al Primer Festival de Danzas y Tamboras.
La mencionada obra fue grabada inicialmente en el año 1955 por Alejandro Durán Díaz, quien la rescató cuando se la pasaba dando vueltas por la población de Chimichagua y sus alrededores. Todo nació a raíz de un incendio ocurrido en horas de la tarde del miércoles 14 de febrero de 1923, en la casa de Luís Roberto León. La conflagración se originó en la hoy calle sexta con carrera cuarta, esquina.
“Fuego, fuego, fuego, la candela viva. Que allá viene la candela, la candela viva. Que ya viene por el higuerón, la candela viva. Que yo ví que me llevaba, la candela viva. Que yo ví que me enterraba, la candela viva. Fuego ya que me quemo, la candela viva. Que se quema Chimichagua, la candela viva”.
El incendio comenzó cuando aquella tarde Ana María Flórez asaba panochas, galletas y almojábanas en un horno de barro. De repente, la brisa provocó que salieran chispas llegando hasta el techo de palma acabando con gran parte de las casas del pequeño pueblo.
Heriberto Pretel Medina, negro bonachón, enamorador, alegre y compositor innato quien vivió gran parte de su vida en Plata Perdida, corregimiento de Chimichagua, supo darle el toque musical a esa historia triste. De sus diálogos constantes sobre esa canción siempre agradecía a su compadre Alejo Durán, por haberla llevado a la pasta sonora para que no se quedara en su garganta y tampoco en el olvido, sino que fuera conocida en muchas partes. Se alegraba cuando la escuchaba por las emisoras, en las radiolas y los picós.
El viejo “Heribe”, así se le llamaba, murió el domingo 14 de agosto de 1988 a la edad de 89 años, y paradójicamente en su sepelio el sacerdote Guillermo Ramírez Gómez, no dejó sonar las tamboras argumentando que el difunto debía descansar en paz. Esas son las paradojas de la vida cuando no se pudo despedir con la música que dejó e hizo con pasión folclórica.
Jorge Celedón y Totó
El cantante Jorge Celedón y la cantadora ‘Totó, la Momposina’, de igual manera, grabaron en Bogotá en el año 2013, ‘La candela viva’, guardando la autenticidad folclórica para continuar siendo ícono de la música colombiana. Ella, la había grabado hacía algunos años.
Heriberto Pretel Medina dejó su impronta a través de sus sencillas canciones que hoy tienen el más grande reconocimiento. Además, en sus últimos días se la pasaba sentado en una mecedora recordando el ayer que le trajo satisfacciones en el campo musical y una que otra tristeza.
Por estos días se evoca el talento fértil de ‘Toto, La Momposina’ donde las raíces culturales africanas, indígenas y españolas se mezclaron para crear una tradición musical única. Lo que no se pudo evitar fue el recorrido lleno de nostalgias y de esa canción que hace regresar al lugar bendito donde una tambora rompió el silencio, y se pudo gritar que el fuego estaba cerca.
Definitivamente, hasta las lágrimas se sumergieron en la complejidad de las emociones humanas, pero nunca se permitió que ‘La candela viva’ se redujera simplemente a cenizas. Adiós a la insigne cantadora cuya voz maravillosa alegró los oídos del mundo folclórico. Es así como todavía resuena la canción ‘El pescador’ del compositor José Benito Barros Palomino, que ella nunca se cansó de cantar. Es esa misma donde el pescador habla con la luna, habla con la playa, no tiene fortuna, solo su atarraya.