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Una puya en favor del vallenato…

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Por: Freddy Machado

 

“Rafael tiene la razón

cuando habla de estacionado/

Porque ahorita este folclor

lo tienen civilizado”

-Luis Francisco “Geño” Mendoza-

Los fundadores del vallenato, en el antiguo Magdalena y en el Bolívar grande, eran hombres de campo, andariegos y muy humildes. El vallenato surgió de los cantos de vaquería y de los festejos populares en tiempos en que no existía la luz eléctrica en esas provincias.

Se le cantaba al amor, a los desengaños, a la tierra, a las cosechas, a la amistad e incluso, hasta la muerte.

Pero el vallenato evolucionó desde una oralidad muy creativa hasta hacerse acompañar de la guitarra. Con Buitrago y Bovea tenemos documentado un excelente periodo que ha permitido deleitarnos con lo mejor de los primeros cantos de nuestro folclor.

Posteriormente, en ese crecimiento, el vallenato siguió  trascendiendo con toda su magia y su poesía, al incorporar el acordeón.

Y, en ese recorrido, es bueno detenernos para hacer una reflexión sobre las excentricidades del hombre caribe. Lo digo porque existiendo tantos instrumentos musicales, se optó, precisamente, por uno de los más complejos: el acordeón. La ejecución de este instrumento genera fascinación pues felices contemplamos digitar con armonía sus botones -ubicados a lado y lado-, y, al tiempo, apreciar la rutina del

abrir y cerrar de su fuelle, con movimientos casi que aerodinámicos.

Y, decimos con Rosendo:

“Ahora siento que en el aire van flotando los cantares de Escalona y de Molina”

Y el gran Leandro nos explica ciertos detalles y fundamentos:

“Este paseo es de Leandro Díaz pero parece de Emilianito/ Tiene los versos muy chiquititos y bajiticos de melodía/tiene una nota muy recogida que no parece hecho mío…”

Sin duda, la ejecución que realiza un acordeonero se hace mucho más compleja, cuando también se asume la tarea del canto, como era la usanza en los inicios del vallenato.

Pero bueno, todo esto para decir que muy a pesar de ese origen humilde del vallenato y de la remembranza del impacto que producía la llegada de un acordeonero a los lejanos e ignotos poblados a mediados del siglo pasado (imagen macondiana casi equivalente al arribo del gitano Melquiades con sus nuevos inventos), se ha perdido la visión

fundacional como diría Luis Francisco Mendoza…

 “Quisiera preguntarte Rafael

cuál es el festival que has elegido tú/

para el pueblo vallenato/

Si tu comportamiento contrasta con el/

Porque el folclor es del campo”

Es cierto, el vallenato ha dejado de ser humilde y con toda su actual parafernalia, es llevado, casi a ciegas, a desmarcarse de su esencia y sus raíces provincianas.

Desde luego que se equivocan todos los que aspiran a cambiar su rumbo pues ya decía Tolstoi que conociendo nuestra aldea (provincia) somos más universales. La apuesta sincera, debe ser por lo nuestro.

Los hechos -el actual estado de cosas- evidencian una confusión profunda. No se trata de “nuevas olas” y de composiciones “sin sentimientos” y mucho menos, de una búsqueda por posicionar nuestra música, cueste lo que cueste. La reflexión debe ser más sensata… Urge volver sobre la riqueza musical de nuestros músicos mayores.

El mejor contraste se advierte en las eliminatorias del concurso de Rey Vallenato donde la mayoría de los participantes suelen interpretar -como un dogma- el canto “Pedazo de acordeón- de Alejandro Durán y en ese ejercicio, es muy gratificante la experiencia pues uno nota, al rompe, como fluye, impecable, una fuerte conexión con lo auténtico. En la ejecución de esa canción se confirma el brío, la templanza y la grandeza de Durán y entonces nos emocionamos diciendo: el vallenato vive!!!

En esa puya -como en todas-, la caja y la guacharaca también tienen su momento y son protagonistas.

Lo cierto es que muchos de los nuevos acordeoneros, en cambio, despersonalizan y descuidan el trato con el instrumento musical. Es más, abundan intérpretes que desconocen la razón de los cantos y sus pequeñas historias. De alguna manera, entran a descalificar a Alejandro Durán pues no hacen sino jactarse en sus presentaciones mostrando en tarima un sinnúmero de acordeones de todos los colores y pelambres (¿excentricidad caribe?).

Admito que los tonos requeridos  en ciertas canciones justifican la variedad de acordeones a la mano en las presentaciones pero lo que en realidad molesta es el exceso de grandilocuencia y de tanto aguaje.

Ese amor de Durán por su viejo acordeón es el mismo amor que sentimos todos los que amamos a plenitud la música vallenata gruesa o modo clásica. Por eso, de manera enérgica expresamos nuestro dolor sordo al ver cómo se nos escapa la tradición y nos mantenemos en silencio a la espera de un nuevo Fredy Molina, Rafael Escalona o del aún vigente Gustavo Gutierrez.

Es imperativo -y esto ya lo han dicho otros cristianos con más autoridad- volver sobre los principios e identidad del buen vallenato.

Lo más preocupante es que en este 2024 pude asistir a la final del festival en Valledupar y volví a salir decepcionado, como otras veces,  contemplando en el magno evento, otras músicas ajenas y distantes.

Entiendo que la discusión sobre la presentación de músicas foráneas y distintas, a esa que nos convoca en el marco y clausura del festival, dizque ya es un tema superado en Valledupar pues las mayorías aceptan tal iniciativa de los organizadores. Sin embargo, independientemente de tal postura, esa práctica merece replantearse para bien del folclor. El que llega a Valledupar al festival debe saber a qué va y el mejor escenario (por lo menos un día), debe estar consagrado para los más representativos exponente del vallenato.

Quizás esa es la razón por la que las noches bohemias con los compositores (eventos paralelos al festival), han tomado tanta fuerza y convocan a un público más comprometido y conocedor de la pureza del vallenato.

Me excusan pero el Festival Vallenato debe tener otra narrativa. En ese rediseño, se me ocurre que los compositores merecen ser escuchados en el Parque de la Leyenda Vallenata y no en improvisadas casetas a merced de los aguaceros de abril y mayo. A su vez, las conferencias y conversatorios sobre la temática vallenata deben desarrollarse en amplios auditorios, en un formato al estilo del “Hay Festival”. La Fundación debe asumir la publicación de los mejores libros e investigaciones  relacionadas con nuestra música y desde luego, resaltar a los foráneos pero solo  aquellos que se aproximan al vallenato, bien porque lo interpretan ora porque contribuyen a su difusión.

Y, debe considerarse la realización de encuestas que permitan conocer sobre los gustos y preferencias musicales de los seguidores del vallenato, y generar espacios amplios en donde exista la posibilidad de interactuar y hacer sugerencias a los gerentes del festival tal como las que aquí se han planteado.

Estoy seguro que deben existir nuevas y mejores ideas que permitan potenciar más esa labor en defensa de las expresiones folclóricas que rodean al vallenato.

Si la Fundación requiere de un mejor músculo financiero para todas estas actividades y esos recursos se obtienen de los conciertos, esos eventos pueden realizarse en diferentes épocas del año con artistas de otros géneros musicales pero no en el marco del festival vallenato en donde solo debe autorizarse lo más auténtico y raizal.

El Festival Vallenato debe estar institucionalizado como una luz o mejor, como un faro que permita orientar el rumbo de nuestra música tradicional. Razón tenía “Geño” en su canción Festival Vallenato, sutilmente interpretada por Nelson Henríquez, pues muchas veces tenemos la impresión que el festival “ahora dónde irá a parar”. En definitiva, no podemos dar ventajas y por eso nuestras sugerencias en procura de “mejores días” para tan importante evento.

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