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Fiesta en Martínez Martelo por restauración de su templo

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 Toda la feligresía se reunió en torno a la edificación de su templo, el cual fue restaurado completamente a causa de su caída en el año 2017.

 Fueron 8 años de trabajo arduo e intensa oración que dieron frutos de esperanza.

El sábado 5 de abril, la comunidad parroquial de Martínez Martelo vivió una jornada de alegría y fe al celebrar la consagración de su templo parroquial, completamente restaurado tras ocho años de arduo trabajo y oración incesante.

La ceremonia, presidida por el arzobispo de Cartagena, Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, comenzó a las 5:00 p.m. con la multitudinaria participación de la comunidad de la zona y varios sacerdotes del presbiterio arquidiocesano. En un gesto simbólico y lleno de esperanza, se abrieron las puertas del templo mientras el prelado entonaba un salmo que invitaba a entrar con júbilo en la morada del Señor. La comunidad ingresó cantando con gozo, iniciando una celebración memorable.

Una historia marcada por el amor y la perseverancia
La historia de este templo es testimonio del amor fiel de Dios y del compromiso de su pueblo. El 30 de mayo de 2017, el techo del templo colapsó, dejando daños estructurales severos. Aunque no hubo heridos, esta situación entristeció profundamente a la comunidad, quienes con el ánimo de vivir el encuentro con Jesús se vieron obligados a trasladar sus celebraciones a una capilla contigua.

Con el paso de los años, y gracias al esfuerzo conjunto de los fieles, organizaciones solidarias y la misericordia del Señor, fue posible reconstruir el templo. Esta restauración se convierte hoy en signo palpable de esperanza en este tiempo jubilar que vive la Iglesia.

Abriendo puertas de esperanza
Durante la homilía, Monseñor Múnera recordó que Cristo es sacerdote, víctima y altar, y que Él es el verdadero centro de todo templo. Invitó a todos los presentes a dar culto a Dios “en espíritu y en verdad”, y a ser una comunidad de puertas abiertas, especialmente para los pobres, los alejados, los que sufren y quienes se sienten desanimados, siguiendo el ejemplo de San Luis Beltrán, patrono del templo consagrado.

Uno de los momentos más emotivos fue la bendición con las reliquias de Santa María Bernarda, una santa muy querida por los cartageneros. Luego se entonaron las letanías de los santos, se pronunció la oración de dedicación, se ungió el altar con Santo Crisma y se realizaron doce unciones en el templo, símbolo de su dignidad y de su imagen como ciudad santa de Jerusalén.

La ceremonia culminó con la reserva del Santísimo Sacramento en el Sagrario, signo de la presencia real de Jesús, y lugar al que todos los fieles podrán acudir para elevar su acción de gracias, presentar sus súplicas y encontrar consuelo.
Toda la liturgia fue un vivo reflejo de la misericordia de Dios con su pueblo. Al finalizar, con el corazón rebosante de gratitud, todos proclamaron al unísono: