‘No hemos vulnerado los derechos colectivos de los habitantes de la ciudad’: Aguas de Cartagena
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24 junio 2026
Por: Freddy Machado
Lo peor que puede pasarle a una calle es, no tener salida: ser un simple callejón sin salida…Esto no lo digo porque la vía termine convertida en un obstáculo sino porque pierde dinámica y muchos conductores -despistados- se enfurezcan a cada rato por sus equívocos.
Esas calles no llevan a ningún lado.
Los que residen por esos lares, en cambio, ganan en paz, sosiego y tranquilidad. El tráfico no los castiga y todo lo domina un ambiente fofo e ideal para que los niños se tomen la calle con los juegos de antes, los que se caracterizan por cero tecnología.
Esas calles sin salida son los llamados “callejones bolsillos” donde el tráfico no fluye. Incluso, muchas de esas “calles ciegas”, gozan de fama y prestigio, como el callejón de los Martínez Howard en el barrio Alto Bosque en Cartagena, muy recordado porque allí residía un célebre personaje que aparece en los relatos mágicos de Marica El Último.
Sin embargo, existen excepciones a la tranquilidad que habita en los callejones sin salida y el ejemplo lo tenemos en un sector específico de Crespo donde se ha materializado tal escenario.
Nos referimos, exactamente, a la carrera 7a y por ello,
muchos residentes, ante lo congestionado del sitio, exclaman desconcertados…
– “Qué es esto: ¡Cristo Rey!”
En ese callejón, en el lote donde funcionaba el colegio Cristo Rey, se levantó una mole de 15 pisos, con más de 500 apartamentos para alquiler de turistas.
En efecto, una vez entró en funcionamiento el edificio Cartagena Beach en el barrio Crespo, el espíritu de los callejones sin salida, salió despavorido y abandonó su entorno.
Desde luego que también existen otros establecimientos comerciales que se suman a ese desorden extraordinario.
A nuestro juicio, urge que el DATT haga presencia en ese sector e imponga un reglamento estricto. Debe estudiarse la posibilidad de regular el caos vehicular y que los automotores solo puedan estacionarse en un solo sentido para una mayor dinámica social. Ocurre que los vehículos parqueados a lo cartagenero (en cualquier dirección y donde nos da la gana) impiden que los demás vecinos puedan acceder a sus viviendas.
La administración del “gigante edificio” podría asignar a un diligente auxiliar para que se encargue de orientar a los huéspedes de que, como en sus ciudades, los vehículos no se abordan en la mitad de la calle.
Seguramente, después de todo ese conjunto de instrucciones, en un futuro, y a fuerza de constancia, es posible que el buen espíritu de los callejones sin salida, decida regresar.