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Así puede bajar el calor sin aire acondicionado

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El calor dejó de ser un episodio aislado y se convirtió en una presión cotidiana para muchos hogares. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2024 fue el año más cálido registrado, y 2025 quedó entre los tres más calientes de la serie reciente. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la exposición prolongada a temperaturas extremas eleva el riesgo de deshidratación, agotamiento, golpe de calor y complicaciones cardiovasculares, con mayor impacto en niños, personas mayores y pacientes con enfermedades previas.

En ciudades como Valledupar, Montería, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Cali, Cúcuta, entre otras, la pregunta ya no es si hace más calor, sino cómo bajar la temperatura dentro de la vivienda sin depender todo el día del aire acondicionado. Para Jorge Ortiz, docente de Arquitectura de Areandina, sede Valledupar, la respuesta no empieza por comprar equipos, sino por revisar cómo se diseñó, se transformó y se habita la casa. “La solución está en mejorar lo que ya tenemos”, resume.

Su punto de partida es claro: el problema no está solo en el clima, sino también en decisiones de diseño y remodelación que han ido borrando recursos pasivos de enfriamiento. “Hemos aceptado habitaciones sin ventilación natural cruzada, cubiertas sin aleros extendidos y patios techados que eliminan espacios fundamentales para refrescar la vivienda”, explica Ortiz. En la práctica, muchas casas tradicionales tenían mejores respuestas térmicas que varias viviendas contemporáneas, porque incorporaban sombra, patios, antejardines y circulación natural de aire.

La primera estrategia, entonces, es recuperar la ventilación natural. En casas ya construidas conviene identificar por dónde entra y por dónde sale el aire, evitar que muebles altos bloqueen las ventanas opuestas y despejar recorridos internos para que la corriente circule. Si la vivienda tiene patio, no cubrirlo por completo puede ayudar a mantener una cámara de ventilación que expulse el calor acumulado. En apartamentos, abrir ventanas en las horas de menor radiación y cerrarlas cuando entra aire caliente suele ser más efectivo que dejarlas abiertas todo el día.

La segunda medida es reducir la radiación directa sobre muros, techos y ventanas. Persianas, cortinas térmicas, películas reflectivas y vidrios polarizados pueden disminuir la ganancia de calor en fachadas que reciben sol fuerte, sobre todo en la tarde. Ortiz propone incluso soluciones de bajo costo poco usadas: aprovechar empaques de tetra pak abiertos, dejando expuesta su cara interna de aluminio, para crear barreras reflectivas en muros o detrás de superficies expuestas. También puede forrarse cartón con papel aluminio y colocarlo temporalmente en ventanas muy críticas.

Otra intervención efectiva está en la cubierta. Pinturas reflectantes o colores claros ayudan a rechazar radiación solar y a bajar la temperatura superficial del techo, algo especialmente útil en barrios densos donde el fenómeno de isla de calor urbana puede elevar varios grados la temperatura del entorno. Pero Ortiz advierte que no basta con pintar techos: “Cada metro cuadrado que construimos es una fracción de grado que estamos sumando a la ciudad si no dejamos árboles, patios y zonas verdes suficientes”.

Por eso, insiste, la herramienta pasiva más eficiente sigue siendo la vegetación. Enredaderas, trinitarias, árboles en antejardines, patios y franjas ambientales cumplen una doble función: proyectan sombra y refrescan por evapotranspiración. “La integración de la vegetación a la arquitectura siempre será más eficiente que depender únicamente de climatización artificial”, señala. Esa idea no solo sirve dentro de la casa; también mejora la experiencia urbana, porque crea refugios climáticos para peatones y reduce la temperatura del entorno inmediato.

En términos domésticos, la ruta práctica puede organizarse en cinco pasos. Primero, revisar si existe ventilación cruzada real y despejarla. Segundo, sombrear ventanas y muros que reciben más sol. Tercero, enfriar la cubierta con colores claros o materiales reflectivos. Cuarto, recuperar patios, antejardines o superficies donde se pueda introducir vegetación. Quinto, evitar nuevas intervenciones que sellen todavía más la vivienda, como techar todos los vacíos o eliminar árboles por completo.

A escala barrial, el docente de Areandina plantea acciones colectivas que sí están al alcance de los vecinos: jornadas de siembra de árboles nativos, acuerdos por cuadra para usar cubiertas reflectivas o pintar techos de blanco, y recuperación de espacios verdes abandonados. En zonas de alta densidad, donde la temperatura superficial supera ampliamente la del aire, estas decisiones comunitarias pueden bajar la sensación térmica más que una medida aislada en una sola casa.

“Antes que pensar en el aire acondicionado como aspiración, deberíamos volver a valorar una vivienda con sombra, ventilación y árboles”, concluye Ortiz. Ese cambio de enfoque importa porque el calor extremo seguirá presionando las ciudades. La diferencia estará en si respondemos únicamente con más consumo eléctrico o también con arquitectura, vegetación y diseño consciente.

En hogares con niños pequeños, adultos mayores o pacientes crónicos, estas adaptaciones no son solo una mejora de confort, son también una medida concreta de protección de la salud.