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23 enero 2026
Por: Freddy Machado
«Hoy, el principal problema de la justicia es la congestión»
-Ámbito Jurídico-
Si hoy, un observador crítico y desapasionado se dedica a realizar un análisis a fondo sobre la falta de dinámica que se registra en los juicios penales en Colombia -en especial en las audiencias de juicio oral-, seguramente se deberá preguntar: ¿cómo hacen los jueces penales a la hora de fallar para tener presentes los hechos, pruebas y argumentos de tantos procesos suspendidos o con interferencias? O mejor: si la concentración es un principio rector, porque una audiencia de juicio oral puede extenderse tres y hasta cinco años?
A su vez, cómo se explica que un juzgado penal, en simultánea, tramite unos 50 y hasta 100 audiencias de juicio oral… La programación de las audiencias en los distintos juzgados del país nos permiten confirman tal tesis. Es más, muchos juzgados penales ya tienen comprometidasj, algunas fechas correspondientes al segundo semestre de 2026.
En ese mismo sentido, es una ofensa mayor -y la sufrimos los judiciales-, los duros cuestionamientos realizados por los opositores del sistema penal acusatorio pues con bastante ironía, suelen asegurar que el mejor abogado penalista en Colombia, sigue siendo el Dr. “vencimiento de términos”. La razón: el instituto favorece las libertades e impulsa los múltiples casos de prescripción de la acción penal.
Independientemente de todas esas vicisitudes, importa tener en cuenta que en la práctica judicial, con el triste argumento de que “algo es algo/ peor es nada”, se autoriza que los juicios orales se adelanten “gota a gota”. Está práctica, determina, hoy por hoy, que en el escenario de los juicios orales, los jueces penales arrastren unos “pendientes” que inciden en su rol de administradores de justicia pues los procesos a su cargo terminan convertidos en verdaderos “rompecabezas”, cuyas fichas las integran las distintas sesiones de audiencias, situación que hace muy complejo, entrar a repasar y reconstruir la pequeña historia del proceso (Parra Quijano).
El estigma crece y se agiganta. Muchos usuarios, como si fuera poco, se suman a la despectiva descalificación del sistema, cuando lo llaman: “sistema penal aplazatorio”. No obstante, a pesar de ese contexto negativo, los penalistas de raza admiten y consideran que, es más fácil fotografiar a “diez chimpancés” que instalar un juicio oral en el área penal.
En efecto, una vez fijada la fecha de la audiencia, debe estar presente el juez, el fiscal y el defensor (público o privado). Otro protagonista principal es el Inpec pues esa entidad debe prestar su apoyo dado que son los encargada de la custodia de los procesados privados de la libertad. Luego, a la manera de “no hay cama para tanta gente”, también tienen incidencia, en la buena marcha de las audiencias, los responsables de las salas de audiencias pues son los servidores que coordinan la asignación de un local para adelantar los juicios.
Y, eso no es todo.
Los testigos (servidores públicos o particulares) tienen también la carga de participar en el juicio pues sus declaraciones nos permiten aproximarnos a la verdad y, cada vez más, nos encontramos con que muchos testigos se resisten o se hacen rogar para cumplir con tan importante deber.
En el caso de los testigos “agentes captores” o la policía judicial, los jueces aseguran que les interesa más, en términos estadísticos, asegurar los “positivos” para sus superiores y entidades que para la justicia pues se muestran muy displicentes a la hora de asistir a las audiencias, descuidando que los procesos penales culminan con sentencias y no con simples “positivos”.
Pues bien, ante tan oscuro panorama del actual derecho penal, volvemos al título que ha dado origen a esta columna (“Basta yá”), en el entendido que ese irregular estado de cosas lo que hace es degradar y deslegitimar a nuestra querida especialidad penal pues todos sabemos que una justicia en mora resulta caótica, impresentable e inapropiada.
Finalmente, nos queda una reflexión: la majestad y el prestigio de la justicia exigen que los juicios penales se les garantice el plus de la continuidad, concentración e inmediación. Sin duda, esos caros postulados que ahora se reclaman con ahínco, son los que garantizan que fluyan los procesos y se gane en efectividad. Incluso, urge una reforma en la que se impulse un nuevo juez penal que en su rutina se luzca por iniciar y culminar sus audiencias sin mayores interrupciones (audiencia que inicie, audiencia que concluya).
Y, mientras llegan esos mejores días para el derecho penal, solo nos resta alzar la voz para gritar: “¡basta ya!. Sí, basta ya de tantos juicios orales con práctica de pruebas “gota a gota”.
se tiene el testimonio
junto con la base de opinión pericial
y tener acápite de anamnesis como prueba de referencia admisible