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Por: Freddy Machado
El picó identifica a la Cartagena más auténtica y más Caribe. Los barrios populares de la ciudad, mantienen la tradición de encender el picó -y seguir pegaditos a la máquina de sonido- y justo, cuando la música está al máximo de volumen, entonces se escucha el potente anuncio de Mike Char: “Aquí, suenaaaaa….”.
A propósito, Mike Char es la voz oficial del goce y la virtud del picó consiste en generar, la alegría del barrio e impacta, automáticamente, en la posibilidad de olvidar las penas y los pesares.
Es indiscutible que con el estruendo musical del picó, el espíritu de la barriada se transforma, las expectativas crecen y es entonces cuando el picotero se potencia y nos atrapa con su exclusivo arsenal musical.
La máquina de picó es una caja de sorpresas. Incluso, sus propietarios suelen adornar los equipos, con diseños y colores intensos. Por lo general, al descomunal aparato central, se le suman cualquier cantidad de parlantes menores, a la manera de satélites de un planeta del sonido, estructuras que deslumbran a propios y extraños, y que logran optimizar, tanto potencia como finura, para bien del jolgorio.
En efecto, les vengo diciendo que cuando en el barrio se enciende el picó, la música -de una manera total-, invade todos los espacios y recodos del vecindario. En ocasiones, hasta “tiemblan” algunas superficies, contagiadas y estropeadas, por el bullicio musical..
Los seguidores de la música de picó se caracterizan por su alto nivel de exigencia y con frecuencia, acompañan al equipo de sonido de sus preferencias, con la misma pasión de los seguidores de un equipo de fútbol. A su vez, el picotero se tiene confianza y, con propiedad, plantea una propuesta musical, procurando que los convocados al festín, aprueben o descalifiquen sus “éxitos”.
En verdad, el picó se integra al cartagenero, o viceversa, porque los raizales del “corralito de piedra” tienen la facultad y la filosofía de no pasar desapercibidos… Ello explica que el mejor momento del picó (y de aprobación del picotero), se presenta cuando los bailadores muestran toda su versatilidad y se destacan, hasta contagiarnos con sus aguajes y sus mejores atributos para el baile (el vacile).
Y, cuando se trata de descifrar cómo empezó este diálogo (cartageneros y el picó), tenemos que remontamos a los años 60”s pues por las limitaciones de la época (como no había equipos de sonido en todas las viviendas), se impuso una respuesta generosa y totalizadora.
En la memoria de los cartageneros, siguen vigentes los nombres de las máquinas de sonido más conocidas: El Conde, El Guajiro, El Huracán y El Supersónico, entre otros.
Y, ya lo decíamos al inicio del escrito, si existe algo que identifica el ambientes picotero es la voz oficial que acompaña el goce: las “placas y glosas” de Mike Char. También la cultura picotera tiene su publicista y el personaje, despacha desde el corazón de Bazurto: El Runner (El papá de las carteleras).
Sobre el papel de Runner en la cultura picotera, el excelente promotor musical, José Quessep, ha sentenciado: “una fiesta de picó sin una cartelera del Runner, no va…”
Hoy, el panorama es distinto. Los tiempos cambian y la tradición del picó ha evolucionado. Era necesario buscar nuevas formas y tener la capacidad de adaptarse a las regulaciones existentes en materia ambiental y que procuran la protección de las comunidades ante los excesos ocasionados por el ruido. Los picós, hoy por hoy, son empresas u organizaciones, con la capacidad de producir e impulsar a sus artistas con criterios de exclusividad. Un lanzamiento de un artista del Rey de Rocha o de su majestad El Imperio, es todo un acontecimiento.
La historia cuenta que en los inicios de los picós, era de gran valía el concepto de “exclusividad”, y los dueños de los equipos, dependían de los navegantes a los que se les encargaban discos de artistas africanos o de otras latitudes. Esa apuesta por la “exclusividad” se mantiene, pero ahora con artistas locales, los que interpretan con profesionalismo sus canciones y han posicionado un “sonido cartagenero” con un estilo muy definido, sin perder esa esencia africana de la que se tomaron ciertas claves.
Es evidente que la actual generación de artistas locales, los que llevan la bandera por haber consolidado una música auténtica -made in Cartagena-, reconocen que sus orígenes están conectados con las máquinas de picó. Las raíces de este ritmo auténtico, hace parte de un proceso que nació con los bailes de picó en la barriadas de Cartagena.
Bueno, cerramos esta nota anunciando que enhorabuena se está preparando para este próximo 14 de septiembre, un homenaje al picó El Conde, el decano de los picós de Cartagena. Felicitamos a los organizadores de este homenaje y auguramos éxitos en el evento. Se confirma que el picó sigue vigente en el ADN de los cartageneros. Saludamos al propietario de El Conde, Francisco “Pacho” Manjón, por su constancia en la búsqueda de un sonido auténtico, exclusivo y muy genuino.