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Marbella, ayer y hoy…

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Por: Freddy Machado

Si había algo que caracterizaba a la avenida Santander en Cartagena, era su excelente dinámica pero ahora, lo que más se destaca -y es una constante-, son sus trancones. La ciudad creció y hoy, justo en la zona norte, crece otra Cartagena.

La situación es fácil de explicar: el parque automotor que transitaba antes por esta importante arteria vial, estaba integrado en exclusiva por residentes del barrio crespo y de la boquilla, así como por las personas que laboraban en los alrededores.

Y, es que en la zona norte de Cartagena se mantiene disparada la construcción y venta de inmuebles. Luego, hoy por hoy, los vecinos de esa nueva Cartagena, equivalen a unos diez barrios de crespo y también acceden a la Santander.

Lo cierto es que el nudo del trancón en la Santander se centra en Marbella donde la congestión vehicular abunda, frenando impunemente la fluidez de esa vía. Ello se debe, en gran parte, a las nuevas demandas del turismo. El atractivo de las letras de Cartagena y los buses encargados de recoger en las mañanas a los turistas, con frecuencia, casi siempre logran bloquear uno de los carriles de la avenida y generan un gran caos.

No es cuestión de percepción, ocurre que para nadie es un secreto que en Marbella se han instalado muchos hoteles y hostales, lo que implica que el tema tiende a empeorar.

La pregunta que nos hacemos es, acaso no es preferible ubicar y reglamentar una bahía gigante o un parqueadero que facilite a las empresas de turismo, realizar su trabajo sin perjudicar la dinámica del tráfico para los residentes…

Una vez reglamentada la bahía (parqueadero), ganan turistas y residentes en Cartagena.

Los residentes podrán llegar a tiempo a su destino y los turistas podrán dirigirse al sitio de embarque con todas las seguridades del caso y poner fin a la zozobra de estar agrupados a lo largo de la Avenida Santander. Es mejor un solo punto de encuentro, cómodo y seguro, sin exponer a todos esos visitantes, abordando cada 100 metros en la Santander.

Pues bien, los tracones no son un invento de Marbella, pues, exagerando, podemos decir que son un mal necesario del mundo moderno. Sin embargo, tampoco es descabellado implementar algunas estrategias viales que permitan optimizar la movilidad y al tiempo, facilitar la prestación de un mejor servicio a quienes nos visitan desde ciudades y países con mayor disciplina social y mejor movilidad.

Por último, si por un momento hacemos el ejercicio de imaginarnos a la “disciplina social” como un policía gigante al que le imponemos la misión de perseguir a los cartageneros para que acepten sus mandatos, protocolos y reglamentos, seguramente ese personaje renunciaría a su tarea ya que no podría alcanzarnos pues los locales, “heroicos”, eludiríamos su accionar tal como lo hacen nuestros mototaxistas en los semáforos, pasos peatonales y carriles de transcribe.