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¿O somos tibios, o somos consecuentes?

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Por: Orlando Díaz Atehortúa

Han sido días arduos, cargados de odio y polarización por ambas orillas. Frases como «estafador de estafadores» y «delincuente drogadicto y miserable» retumban todavía en la memoria colectiva. El 21 de junio se acerca como una fecha que pasará a la historia: Colombia elige en segunda vuelta a su próximo presidente de la República.

El debate televisivo tan esperado tiene nombre: Iván Cepeda le lanzó el guante a Abelardo De la Espriella; vamos a ver si lo coge.  No está fácil para ninguno de los dos. Los números de la primera vuelta son elocuentes: De la Espriella obtuvo 10.361.499 votos; Cepeda, 9.688.361. De los 41.421.973 ciudadanos habilitados para sufragar, no votaron 17.443.669. Una abstención significativa.

Son dos modelos radicalmente distintos los que exponen los candidatos: Cepeda propone alejarse del extractivismo, fortalecer el agro, hacer efectiva la jurisdicción agraria y volcar el presupuesto hacia la inversión social. Insistiendo en convertir a Colombia en una república más independiente, más soberana. Ha prometido, y le creo, que no impulsará una asamblea constituyente en estos cuatro años. De la Espriella sigue el manual de Milei en Argentina: reducir el Estado, desmantelar conquistas laborales y abrirle paso a los hidrocarburos. Fiel seguidor de las políticas de Trump; se recuerda: Abelardo es ciudadano americano.

No podemos pecar de inocentes en estas elecciones. Lo vemos a diario en los noticieros: el ICE —Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos— intensifica las deportaciones masivas. Esto ocurre bajo el fortalecimiento de Trump y sus seguidores. Sin importar si son niños, mujeres embarazadas o ancianos, incluso las personas con su documentación en regla sufren atropellos. ¿Será que Colombia, si sube Abelardo, no girará hacia una militarización, en forma arbitraria? Ya ha hablado de bombardeos y dicho: «Bandido que se resista, bandido que tiene que ser dado de baja». La justicia ya perdería su razón de ser. No hay que dudarlo, aliados como Trump son los que le gustan a la extrema derecha colombiana y lo celebran; no en vano María Fernanda Cabal aplaudió, en fecha reciente, en la revista Semana, el espaldarazo que le dio Donald al señor De la Espriella.

Frente a esos cuadros ignominiosos, resulta luminosa la voz del papa León XIV, en su encíclica:

Consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro —sea persona o pueblo— como un aliado necesario para la construcción de un bien común. Solo este amor transforma la coexistencia armada en una comunidad de destino.”

Todavía siento temor, no me apena decirlo, cuando De la Espriella declaró, sin sonrojarse: Sepan ustedes, señores de la izquierda, que tienen siempre un enemigo acérrimo que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos… A esa plaga hay que erradicarla». Cómo olvidar que en este país se exterminó a todos los líderes y copartidarios de la Unión Patriótica; cayeron miles de ciudadanos indefensos. Ya ha anunciado De la Espriella que retirará a Colombia de la OEA, la ONU y la Corte Interamericana, es decir, que no exista ningún contrapeso, ningún freno. Sus nefastos dichos los cumplirá, a no dudarlo, si logra alcanzar la presidencia.

No estamos ante la ancestral disputa entre liberales y conservadores, que desató el asesinato de Gaitán en 1948 y una devastadora guerra. Se trata de algo más elemental y profundo: democracia legítima, contra autoritarismo. Estas elecciones son la batalla más crucial que libra el pueblo colombiano en décadas.

El llamado es a los jóvenes, a las mujeres —tan maltratadas por este candidato—, a los educadores, a los ancianos: que nos paremos en la raya. Invito a quienes no votaron, a los del voto en blanco, a los del centro político, a respaldar a Cepeda Castro. Terminó con Antanas Mockus: «Prefiero apoyar la paz y equivocarme que apoyar la guerra y acertar».

Orlando Díaz Atehortúa

Columnista