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Vidas que cuentan, una iniciativa de la Alcaldía Mayor de Cartagena.
Como Rosa, su otra colega también seleccionada—con más de 20 años de experiencia en el oficio—recibió otro de los dos taxis, a través de la articulación de la Oficina de Asuntos para la Mujer y PES-Pedro Romero– siendo muestra de acciones de Gobierno, con enfoque de género, priorizadas por el alcalde Dumek Turbay.
Hay regalos que no caben en las manos, más que por su tamaño, por lo que significan. Porque no son solamente objetos, son descanso y dignidad. Una oportunidad para dejar de sobrevivir y empezar, por fin, a vivir con calma.
De 10 mujeres que iniciaron el proceso, solo Daisy Hurtado y Rosa Mora se quedaron y perseveraron por su sueño. Mediante el compromiso asumido en la Mesa de Seguimiento con el Sindicato de Taxistas estas dos mujeres resultaron seleccionadas tras un proceso de caracterización enfocado en autonomía económica, liderado por la Oficina de Asuntos para la Mujer del Distrito.
Como Rosa, su otra colega seleccionada—con más de 20 años de experiencia en el oficio—recibió otro de los dos taxis, a través del PES-Pedro Romero– como parte de sus estrategias para el fortalecimiento de la empleabilidad femenina.
Rosa todavía recuerda aquel día. “Cuando veo la placa, se me eriza la piel todavía”, lo dice, sonriendo, como quien revive un momento imposible de olvidar.
La citaron, junto a su compañera, con la excusa de firmar algunos papeles pendientes, sin saber que ese día su taxi la esperaba afuera. Iba bajando las escaleras cuando el director del Plan de Emergencia Social Pedro Romero, Jorge Redondo, caminaba detrás de ella. Entonces lo vio: un taxi estacionado. Su taxi.
“¡Ese es mi carro!”, exclamó.
Nadie tuvo que explicárselo. Se sabía la placa de memoria. Los que estaban alrededor sonrieron.
—Sí, ese carro es tuyo.
Pero ella seguía sin creerlo del todo.
Hasta que abrió la puerta y vio al alcalde Dumek Turbay sentado frente al volante:
–Aquí está lo que te prometí.
“Y yo lo único que hice fue abrazarlo (al alcalde) y ponerme a llorar”, recuerda.
No lloraba por el vehículo, lo hacía por todo lo que significaba: los días difíciles, las deudas, las veces en que el dinero debía rendir para todos los gastos, las jornadas eternas pensando si quedaría lo suficiente después de guardar la tarifa diaria.
“Eso de pensar: ‘No hice la tarifa’, ‘la gasolina se está acabando’, ‘no sé si voy a almorzar hoy’, eso se acabó gracias a Dios”.
*El giro de 180° que dio su vida*
Cuando le entregaron el carro y le dijeron que podía irse, la emoción la albergó. Sin procesar muy bien lo que pasaba, intentó encender el carro pero los nervios le ganaron. Después de aprender a conducir e incursionar entre tractomulas y camiones de carga pesada, en ese preciso momento se le olvidó poner en marcha su taxi.
“Se me olvidó qué era el clutch y cómo prender un carro”, expresa entre risas.
Dice que se sentía rara manejándolo. No por miedo, sino porque seguía sin creer que estaba dentro de su vehículo.
La primera parada fue en casa de una amiga, en Olaya Herrera.
Apenas llegó, la mujer le dijo:
—¡Ay, te cambiaron el carro!
Y ella, sin poder contener las lágrimas, respondió:
“No. El doctor Dumek me cambió la vida”.
*Más que una conductora*
Desde entonces, trabajar dejó de ser solamente una obligación. Ahora maneja con calma, escucha historias y orienta a quienes se suben a su carro buscando ayuda o conversación.
“Se me suben personas con dudas de dónde hospedarse, personas con problemas y siempre trato de aconsejarlas, con su debido permiso”.
Habla de su profesión con orgullo.
“Me encanta ayudar. Me encanta mi trabajo”.
Porque el carro no solo le dio estabilidad económica, también le devolvió algo que había perdido hace mucho tiempo: la paz.
“Hoy vivo más tranquila, duermo más tranquila. Mi vida mejoró un 100%”, dice desde la tranquilidad de su nuevo hogar.
Ya no vive con la angustia permanente de no saber cómo resolver al día siguiente. Ahora se levanta cada mañana sabiendo que afuera está su herramienta de trabajo esperándola. Una oportunidad. Un alivio.
Y aunque para muchos pueda parecer solo un carro, para Rosa significa algo mucho más grande: significa tranquilidad, paz, le permite vivir con más pausa: levantarse y saber que como sea soluciona.
Este oficio le permitió sacar adelante a sus tres hijos profesionales. Y ahora, estrenando carro, sigue peleándole a la vida con la misma terquedad de siempre, demostrándoles a otras mujeres que cuando hay propósito, siempre se encuentra cómo salir adelante.