Kelly Marín Sarrieta y su sueño de dirigir el GOES de la Policía en Cartagena
“Con 10 años de servicio en la Policía Nacional y ocho de ellos en el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), esta barranquillera ha demostrado que la valentía, la honestidad y la fe no tienen género. Su historia es un ejemplo de superación, amor por la familia y compromiso con la seguridad ciudadana”.
Hay mujeres que nacieron para desafiar sus propios miedos, romper barreras y demostrar que los sueños se conquistan con determinación. Una de ellas es la patrullera Kelly Marín Sarrieta, una barranquillera de 35 años que cambió la tranquilidad de una vida convencional por ser Policía, donde cada día realiza su servicio desde el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), con coraje, disciplina y la firme convicción de regresar a casa con el deber cumplido.
Su historia no comenzó entre armas, entrenamientos o procedimientos policiales. Comenzó en un hogar humilde de Barranquilla, donde aprendió que los sacrificios de los padres son la mayor motivación para salir adelante.
Su padre recorría las calles vendiendo periódicos, mientras su madre dedicaba gran parte de su vida al cuidado de niños, incluso acogiendo a pequeños en condición de vulnerabilidad. Allí, entre esfuerzos y enseñanzas, Kelly comprendió el verdadero significado de servir a los demás.

Sin embargo, su deseo de convertirse en policía no fue recibido inicialmente con alegría. Su madre conocía los peligros de la profesión y temía que alguno de sus hijos ingresara a las filas de la institución. Muchas veces Kelly la encontró arrodillada, elevando oraciones a Dios para que sus hijos no tuvieran que enfrentar esos riesgos.
Pero aquella joven tenía una decisión tomada: quería vestir el uniforme verde oliva y, sobre todo, brindarles a sus padres una mejor calidad de vida.
“Yo quería ingresar a la Policía para ayudarlos, para que ellos dejaran de trabajar. Así como ellos hicieron tanto por mí, yo quería hacer lo mismo por ellos”, recuerda con emoción.
Y lo consiguió.
Ingresó a la Policía Nacional, se formó en la Escuela de Policía Carlos Eugenio Restrepo, en Medellín, y comenzó a construir una trayectoria que hoy suma una década de servicio. Con su trabajo logró uno de sus mayores propósitos: comprarles una casa a sus padres.
La mujer que antes temía verla uniformada terminó convirtiéndose en una de sus más grandes admiradoras. Kelly recuerda que, cuando su madre supo que había logrado ingresar a la institución, la abrazó y la levantó emocionada, orgullosa de verla cumplir su sueño.
Pero la vida le tenía preparada una de sus pruebas más difíciles. En 2016, su madre falleció, dejando un vacío imposible de llenar y, al mismo tiempo, una enseñanza que Kelly conserva como su mayor fortaleza: la fe en Dios y el amor por los demás.
Hoy, su padre y sus hermanos permanecen en Barranquilla, mientras ella continúa escribiendo su historia en Cartagena, una ciudad que considera parte del propósito que Dios tiene para su vida.
Una mujer entre hombres, operaciones y grandes desafíos
Hace ocho años, Kelly recibió la oportunidad de integrar el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Metropolitana de Cartagena, una unidad preparada para intervenir en situaciones de alto riesgo.
Al principio sintió temor. No por falta de capacidad, sino porque observaba un escenario dominado por hombres y desconocía si lograría adaptarse a sus exigencias.
“Yo no quería pertenecer a ese grupo porque solamente veía hombres. Pero mis compañeros me decían: ‘Kelly, tú eres buena, no tengas miedo,”, relata.
Aquellas palabras despertaron su confianza. Kelly decidió aceptar el reto, aferrándose a la fe que su madre le había enseñado desde pequeña.
“Hay que demostrar de qué estamos hechas las mujeres. No tenemos que tener miedo, sino salir adelante”, afirma con determinación.
Desde entonces, ha participado en procedimientos de alta complejidad que demandan resistencia física, preparación táctica, concentración y capacidad de reacción.

Su trayectoria incluye la participación en más de 50 capturas, pero hay una operación que permanece especialmente en su memoria: la captura de la mujer conocida como alias La Madame, vinculada a un caso de explotación sexual de menores de edad que conmocionó a Cartagena.
Durante aquel procedimiento, Kelly tenía la responsabilidad de brindar seguridad a la capturada. Según su relato, mientras la mujer se cambiaba de ropa, le indicó que abriera una maleta y le ofreció quedarse con todo su contenido.
Al verificarla, encontró dinero en dólares.
Era una prueba que iba más allá de su preparación operativa. Frente a aquella propuesta, su respuesta fue contundente: NO. Rechazando el ofrecimiento y manteniendo firme sus principios.
Para Kelly, aquella experiencia dejó una huella profunda. No solamente por haber participado en una operación contra hechos que afectaban gravemente a niñas y adolescentes, sino porque tuvo la oportunidad de demostrar que la integridad de una policía no está en venta.
El sueño de convertirse en comandante
En medio de las exigentes jornadas del GOES, Kelly se ha ganado la confianza de sus compañeros por su disposición, disciplina y permanente estado de alerta.
Se considera una mujer activa, siempre pendiente de la seguridad de quienes trabajan a su lado, porque tiene claro que una operación exitosa también significa que todos puedan regresar sanos y salvos a sus hogares. Pero sus aspiraciones no terminan allí. La patrullera se prepara para asumir un nuevo desafío en su carrera: realizar su curso de ascenso y continuar creciendo profesionalmente dentro de la Policía Nacional.
Su mayor anhelo es regresar a Cartagena y seguir vinculada al Grupo de Operaciones Especiales, esta vez con la posibilidad de asumir responsabilidades de mando.
Sueña con liderar el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Metropolitana de Cartagena.
Una meta que, para ella, representaría no solamente un logro personal, sino también una oportunidad para demostrar que las mujeres pueden liderar unidades especializadas y responder a los desafíos más exigentes del servicio policial.
“Si Dios tiene algo diferente para mí, es porque tiene otro propósito”, asegura con la tranquilidad de quien ha aprendido a confiar en su camino.
Una historia de valentía que inspira
La misma que soñó con brindarles una casa, que enfrentó el temor de su familia, que aprendió a levantarse después de una pérdida dolorosa y que hoy encuentra en el servicio policial una manera de honrar todo lo que recibió.
Su mensaje para las mujeres y para quienes desean alcanzar sus sueños es sencillo, pero poderoso: “Que no les dé miedo luchar por sus sueños. La valentía y el coraje los lleva uno por dentro, pero ante todo hay que pedirle mucho a Dios”.
Kelly Marín Sarrieta representa a esas mujeres policías que, con preparación, sensibilidad y carácter, se abren camino en escenarios donde históricamente la presencia masculina ha sido predominante.
Mujeres que demuestran que la fortaleza también tiene rostro femenino y que el verdadero valor de portar un uniforme está en la capacidad de proteger, servir y actuar con honestidad.
Porque para esta patrullera, ser mujer policía no es simplemente una profesión. Es una promesa de vida, un homenaje a su madre, un compromiso con Cartagena y un sueño que todavía tiene muchas páginas por escribir.
Y mientras llega el día de alcanzar las insignias y responsabilidades que anhela, Kelly seguirá demostrando, en cada misión, que el coraje de una mujer también hace parte de la fuerza que protege a Colombia.




