Cartagena

La mujer policía que protege a las mujeres de la violencia intrafamiliar en Cartagena

Rodolfo Mejia
La mujer policía que protege a las mujeres de la violencia intrafamiliar en Cartagena

Subteniente Kelly Johanna Cabrera Mendoza: jefe de la patrulla púrpura, entre la psicología y el uniforme, una vocación para proteger a las mujeres.

Con 30 años de edad, dos años y cuatro meses de servicio en la Policía Nacional y una formación profesional en Psicología, la subteniente Kelly Johanna Cabrera Mendoza ha encontrado en la Patrulla Púrpura una manera de unir sus conocimientos y su vocación para defender y proteger a las mujeres.

Hay sueños que comienzan mucho antes de vestir un uniforme. El de la subteniente Kelly Cabrera nació del deseo de servir y del interés por comprender al ser humano. Antes de ingresar a la Policía Nacional, eligió estudiar Psicología, una profesión que le permitió acercarse a las emociones, los comportamientos y las realidades que muchas veces se esconden detrás de una historia personal.

Terminó sus estudios profesionales en 2021 y, posteriormente, ejerció en diferentes centros de salud e instituciones, donde adquirió experiencia en la atención de personas y en el abordaje de situaciones relacionadas con la salud mental. Su interés por la psicología clínica, fortaleció su propósito de comprender qué hay detrás de las conductas humanas y cómo intervenir de manera oportuna ante distintas circunstancias.

Sin embargo, en su corazón también existía otro sueño: convertirse en oficial de la Policía Nacional y servir a Colombia.

El día que alcanzó esa meta quedó grabado en su memoria. Al mirarse al espejo con el uniforme puesto, una frase resumió años de esfuerzo y sacrificio: ¡Gracias, Dios, lo logramos! En aquel instante recordó las dificultades superadas y comprendió que portar el uniforme no era solamente cumplir un sueño personal, sino asumir una responsabilidad con su país y con cada persona que necesitara de ella.

Con 30 años y dos años y cuatro meses de servicio policial, la subteniente ha encontrado la manera de integrar sus dos vocaciones. Como ella misma lo expresa, el uniforme y su título profesional no compiten entre sí: se complementan. Mientras uno representa la disciplina, la autoridad y el compromiso institucional, el otro le brinda herramientas para comprender las realidades humanas y actuar con mayor criterio y sensibilidad.

Esa combinación adquiere especial significado en su responsabilidad como jefe de la Patrulla Púrpura, desde donde lidera labores orientadas a la prevención de las violencias contra las mujeres, su protección y la activación de rutas de atención.

En este servicio, escuchar puede ser tan importante como intervenir. Identificar una señal de alerta, orientar a una víctima o actuar oportunamente puede marcar la diferencia y contribuir a evitar que una situación de violencia tenga consecuencias irreparables.

Una experiencia durante su formación como alférez le confirmó el valor de integrar ambas disciplinas. En sus prácticas se encontró con dos menores de edad que se habían evadido de una institución de salud mental y atravesaban una crisis emocional. Sus conocimientos en Psicología y su experiencia previa en centros de salud mental y un hospital regional le permitieron contribuir a un abordaje prudente, priorizar la seguridad de los menores, facilitar su traslado a un centro asistencial y articular su regreso a la institución correspondiente.

Aquella situación le recordó que detrás de una intervención policial puede existir una persona que necesita protección, pero también comprensión y atención especializada.

No obstante, la vocación de servicio también tiene un costo personal. La distancia con su familia es uno de los sacrificios más difíciles de su carrera. Hay celebraciones y momentos importantes que, por las responsabilidades del servicio, le corresponde vivir a través de una fotografía, una videollamada o un mensaje. Aun así, cada encuentro con sus seres queridos se convierte en una oportunidad para recuperar fuerzas, recordar sus raíces y renovar la motivación que la impulsa a continuar.

Porque detrás del uniforme también está la mujer que es hija, hermana y profesional; la que encuentra en su familia una fuente de fortaleza y en el entrenamiento y los espacios personales una manera de cuidar de sí misma.

Si pudiera hablar con aquella niña que soñaba con cambiar el mundo, le diría que lo han logrado, aunque sea de una manera distinta a la imaginada: transformando la realidad de una persona, acompañando a una familia o llegando a tiempo a la vida de alguien que necesita ayuda. Para ella, una de las mayores satisfacciones es recibir el agradecimiento de una comunidad y comprobar que su trabajo tiene un impacto positivo.

A las jóvenes que sueñan con ingresar a la Policía, les dejaría un mensaje: escuchar el corazón, descubrir la verdadera vocación y comprender que la formación profesional no tiene por qué estar separada del servicio. Su propia historia demuestra que dos caminos pueden unirse para servir de manera integral.

Hoy, la subteniente Kelly Johanna Cabrera Mendoza encuentra en la Patrulla Púrpura un escenario para poner sus conocimientos y su vocación al servicio de una causa fundamental: proteger a las mujeres y contribuir a que puedan vivir libres de violencia.

Su historia deja una enseñanza que va más allá del uniforme: la verdadera fortaleza no consiste en dejar de sentir, sino en seguir adelante sin perder la humanidad. Porque, en ocasiones, salvar una vida comienza con algo tan sencillo y tan poderoso como escuchar a tiempo.

Y cuando la autoridad se encuentra con la empatía, la preparación profesional con la vocación y el compromiso con la sensibilidad humana, el servicio deja de ser únicamente una función para convertirse en una oportunidad de cambiar vidas.

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