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24 agosto 2026
Para la familia del escultor español Eladio Gil, la restauración del monumento a la India Catalina es mucho más que una limpieza de bronce. Es el rescate de un legado familiar que, pese a su importancia, estaba abandonado.
«Nosotros nos sentimos inmensamente honrados y muy agradecidos porque la verdad era un monumento que, para la importancia que tenía en la ciudad, que representaba la ciudad, estaba un poquito abandonada», afirmó Raquel Gil, hija del maestro.
Raquel destacó el trabajo de la administración del alcalde Dumek Turbay por recuperar no solo esta obra, sino todo su entorno en Puerto Duro. «Me alegra tanto que el doctor Dumek, no solamente para esta obra de mi papá, los Alcatraces, la India Catalina, y que le está restaurando todo el entorno importante de la ciudad, darle un valor histórico y cultural, artístico, pues nos honra muchísimo».
La hija del escultor reveló que la India Catalina no representó riqueza para su creador, sino un acto de amor por Cartagena. «Mi papá quería mucho esa obra. La India Catalina era como la carta de presentación de mi papá y nos da una inmensa alegría verla nuevamente recuperado el color, porque es un monumento que mi papá hizo con mucha honestidad. No ganó en ese entonces gran dinero, casi nunca mi papá quedó de sus obras, rico ni millonario, como mucha gente piensa», recordó.
«La India Catalina se hizo con un apoyo que hizo la Escuela Naval, regaló parte del bronce y mi papá donó nuevamente lo que le quedó. Entonces eran personas que tenían un sentido de honestidad, de pulcritud, su nombre estaba por encima de todo. Lo mismo pasó con los Alcatraces, era una obra de 13 pájaros, mi papá hizo 23, 10 los regaló. Nosotros quedamos con un déficit familiar».
A pesar de ello, dijo, su padre estaba convencido de su propósito. «Él decía que sus obras eran lo más importante, porque sus obras iban a hablar en el tiempo, y han hablado en el tiempo».
El monumento tuvo también un carácter familiar. «Las personas que participaron fueron personas de nuestro entorno familiar, la chica que modeló fue la chica que nosotros teníamos como una hermana. Mi mamá era una gran impulsadora para las obras de mi padre», reveló.
Sobre la inspiración de la figura, Raquel explicó que su padre buscó representar a los indígenas de la región, pero con una estética universal y respetuosa.»
Se quería hacer una India que representara a la ciudad, a los indios calamarí, que eran los indígenas de nuestra región. La India se hizo también un poco como internacional, es un rostro que no es tan aborigen», señaló.
Recordó el reto que significó en su época: «En ese entonces, hacer una mujer desnuda para una Cartagena tan recatada y meticulosa en ese aspecto. Mi papá quería que el desnudo no fuera un desnudo vulgar, era una mujer natural, porque la verdad que la India es hermosa, es muy perfecta, una mujer con unas medidas. Para hacer un monumento tenías que tener unos estudios de anatomía».
Resaltó la formación académica de su padre, quien era profesor titulado de la Escuela de Bellas Artes y profesor de la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en España.
Eladio Gil dejó obras en Colombia y en el exterior. «Mi papá también tiene otro monumento importante en el Huila, que se llama La Gaitana, que está en Timaná, y tiene también obras en Medellín, tiene obras en España. En España hizo un monumento muy importante, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que está en la ciudad de Jérez de la Frontera. Y también tienen en Sevilla, en San Juan de Aznalfarache, en Granada, en Lloret de Mar, en Barcelona», enumeró Raquel, quien espera que esas obras también puedan ser dadas a conocer.
Hoy, con su pátina original recuperada por el escultor Oscar Noriega, la India Catalina vuelve a ser la carta de presentación intacta que soñó Eladio Gil para Cartagena.