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Liderar distinto: lo que se transforma cuando una mujer dirige la seguridad vial

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Por Mariantonia Tabares Pulgarín

Que una mujer dirija una entidad técnica del sector transporte incide directamente en cómo se formula la política pública de movilidad, en qué problemas se priorizan, qué actores viales se hacen visibles y qué tipo de gobernanza se construye con los territorios. La movilidad no es neutra, los hombres y las mujeres usan el sistema de transporte de manera distinta, enfrentan riesgos distintos y tienen patrones de desplazamiento distintos. Cuando esa diferencia no está representada en quienes toman las decisiones, la política pública tiende a diseñarse a partir de un usuario implícito que no representa a toda la población y los riesgos que no se ven, no se miden y no se priorizan.

Incorporar la mirada de las mujeres en la dirección de una entidad como la ANSV cambia en la práctica qué preguntas se formulan en el diseño de los programas; quién camina, quién depende del transporte público, quién acompaña a los niños y niñas en sus trayectos escolares, quién es acompañante de moto antes que conductora. Cambia también qué se mide y no basta con contar muertes y lesionados en general, hay que desagregar esa información por sexo y por rol en la vía para identificar dónde está el riesgo real, cambia la manera de construir gobernanza con los territorios, porque una agenda de seguridad vial con enfoque de género exige escuchar a actoras que tradicionalmente no han tenido asiento en las mesas técnicas de tránsito y transporte. Por eso el liderazgo femenino en el sector transporte no es un asunto de representación simbólica, sino de calidad técnica en la formulación de la política.

En la ANSV, esa mirada se tradujo en la decisión de incorporar el enfoque de género como criterio transversal de gestión y no como un programa aislado, lo que llevó a la creación de la Red Nacional de Líderes y Lideresas por la Seguridad Vial y a la obtención del Sello Plata Equipares Público del PNUD, certificación que valida la incorporación efectiva de la equidad de género en la gestión institucional.

Por qué la seguridad vial debe tener enfoque de género

Las mujeres se mueven distinto en el sistema vial, caminan más, dependen más del transporte público, acompañan trayectos escolares y en el caso de la moto, con frecuencia son acompañantes antes que conductoras. Diseñar la política de seguridad vial sin contemplar esa diferencia significa diseñar a medias, porque deja por fuera riesgos específicos y patrones de movilidad que afectan de manera distinta a la mitad de la población. El enfoque de género en seguridad vial no es un añadido simbólico, sino un requisito técnico para que las estrategias de prevención y reducción de la siniestralidad sean efectivas para todos los actores viales.

Por eso, durante mi gestión impulsamos programas como Motodestrezas y Bicidestrezas, con una inversión superior a 58.500 millones de pesos, con los que formamos a más de 150.000 motociclistas y 188.000 ciclistas en más de 550 y 100 municipios respectivamente, entregando cascos, prendas reflectivas y elementos de protección diseñados también para acompañantes y conductoras, estas acciones aportaron a una reducción de la mortalidad de ciclistas de hasta el 16,25% y de motociclistas de cerca del 7,72% en los territorios intervenidos. La misma lógica aplica a la infancia, la estrategia Educación Vial para la Vida incrementó hasta en un 22% la asistencia escolar y redujo hasta en un 60% los tiempos de desplazamiento en los territorios priorizados. En el frente de liderazgo ciudadano, formamos a 4.258 personas mediante diplomados de la Red Nacional de Líderes y Lideresas por la Seguridad Vial, acompañamos 120 iniciativas ciudadanas y reconocimos 10 liderazgos territoriales.

La rigurosidad técnica es la que sostiene cualquier discurso sobre seguridad vial. Durante mi gestión al frente de la Dirección General de la ANSV, la Agencia evaluó, auditó e inspeccionó más de 16.170 kilómetros-calzada de vías en el país, con el objetivo de fortalecer la identificación y gestión de riesgos en la infraestructura vial para salvar vidas, beneficiando así a más de 41 millones de habitantes en 29 departamentos y 312 municipios.

Con la estrategia Obras por la Vida intervinimos 147 puntos críticos de siniestralidad en 47 municipios de 20 departamentos con señalización, tráfico calmado y urbanismo táctico para prevenir y mitigar la siniestralidad vial. Asimismo, elaboramos, ajustamos y adoptamos el Manual de Señalización Vial de Colombia 2024, herramienta que unificó los criterios de señalización y regulación del tránsito en todo el territorio nacional, con una capacitación posterior, en 2025, a más de 3.000 personas en los 32 departamentos.

La digitalización fortaleció además la educación vial, la Escuela Virtual de Seguridad Vial superó el millón de visualizaciones e impactó a más de 182.700 usuarios.

En lo corrido de 2026 profundizamos la gestión territorial con los Encuentros Regionales de Gestión Estratégica para el Control del Tránsito y Transporte, realizados en el Pacífico, el Eje Cafetero, Antioquia, el Caribe, los Santanderes y la Orinoquía, para generar pensamiento estratégico e innovador que permita identificar problemáticas comunes, compartir experiencias exitosas y formular acciones, programas y actividades orientadas al fortalecimiento del control del tránsito y el transporte. Acompañamos a 27 municipios en la formulación de sus Planes Locales de Seguridad Vial, entregamos 76 documentos técnicos de soporte y reportamos más de 2.160 asistencias técnicas de control en vía, junto con 419 acciones pedagógicas y preventivas. A esto se suma el Diplomado Técnico Especializado en Vigilancia y Control del Tránsito, con más de 8.300 personas inscritas y 769 graduadas, que fortalece a 150 organismos de tránsito priorizados en todo el país.

El liderazgo femenino, enfoque de género y resultados técnicos no son tres temas distintos en la gestión de la ANSV, son tres dimensiones de una misma estrategia de gestión pública. Incorporar la mirada de las mujeres en la dirección de la entidad y en el diseño de sus programas permite ampliar el universo de actores viales atendidos, fortalecer la gobernanza territorial y obtener resultados medibles en reducción de siniestralidad.

*Mariantonia Tabares Pulgarín, directora general de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.