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Por:Germán Danilo Hernández
Con aproximadamente 2 metros de estatura, corpulento y con voz de trueno, Nabil Báladi Gedeón es lo más aproximado a uno de esos gigantes de leyendas nórdicas, que inspiraron a figuras de los comics norteamericanos como símbolos de poder, temor, o de ternura.
Nacido en 1954 en el barrio San Diego, descendiente de padres sirios, “Nabo”, como lo llaman sus amigos cercanos, es uno de esos cartageneros entregados con alma corazón y vida al servicio de su ciudad. Sus apellidos asociados al linaje de acaudaladas familias locales, no definen plenamente su sensibilidad social ni sus luchas por ideales, con los que ha sido consecuente, aun a costas de la incomprensión de algunos de los suyos.
Lo conocí hace poco más de dos décadas, cuando las circunstancias, económicas y sociales de la ciudad generaron un espacio de acercamiento entre sectores de pensamientos divergentes, pero coincidentes en la necesidad de impulsar mayor empoderamiento ciudadano en la toma de decisiones políticas. Asistimos juntos a reflexiones estratégicas, debates y encuentros sobre el devenir de la ciudad, e hicimos parte de un proyecto, considerado por algunos como ingenuo, llamado Cartagena 1815, que con su lema “ La Heroica no se rinde ”, dio pasos decisivos en la ampliación de la democracia participativa local.
Formado como Ingeniero industrial en Purdue University, de EE. UU, ha creado varias empresas, incluyendo la Compañía de Televisión Cartagena de Indias (Canal Cartagena) y ha sido miembro de juntas directivas de entidades como: el diario El Universal, Fundación Children Internacional, Convention Bureau de Cartagena Cámara de Comercio, y Funcicar, entre otras, por lo que ha recibido múltiples reconocimientos de entidades como la Alcaldía Mayor de Cartagena, el IDER y UNIBAC.
Es uno de los pocos colombianos que asiste a encuentros internacionales de la Comisión de Debates Políticos de Estados Unidos, que motivaron a la creación en 2010 a instancias de Funcicar, de la Comisión de Debates Políticos de Bolívar (CDPB), para generar espacios de fortalecimiento de la política doméstica. Su relacionamiento con medios de comunicación lo motivó a un conocimiento mucho más profundo sobre las realidades sociales de la ciudad.
En 2019 aceptó ser candidato a la alcaldía de Cartagena por el Polo Democrático Alternativo e hizo una campaña financiada con sus propios recursos, que consideró como una Maestría en temas de ciudad, pero a la cual desistió meses más tarde, por no encontrar las condiciones propicias para ese propósito. “Seguiremos juntos luchando contra la miseria, la desesperación, el hambre, la falta de conocimiento y la injusticia social que destruyen los cimientos de una sociedad justa y con beneficios para todos”, dijo entonces en su carta dimisoria.
Este gigante altruista, apasionado también por el deporte y la educación, que con aportes familiares y de la comunidad sirio libanesa a través del
Centro Cultural Colombo- Arabe, donaron a Cartagena las Instituciones Educativas Bertha Gedeón de Báladi, San Juan de Damasco y Ciudad de Tunja, afronta con energías su mayor desafío existencial: un tratamiento oncológico al que ha resistido estoicamente, que lo motiva a convertir su hogar en un digno “cuartel de invierno”, rodeado en su retiro del cariño y apoyo de los suyos.
He tenido el honor de conocer su fuerte carácter, sus profundas convicciones, su gran sensibilidad humana y el privilegio de su amistad. Lo acompaño en sus fortalezas y resistencia; abrazo solidariamente a su esposa Vivian Chalela, a su hijo Jorge, demás familiares y amigos, quienes conforman la corte de este gigante de alma noble, a quien Cartagena seguirá reconociendo su grandeza.