Casa del Niño inauguró Unidad de Diagnóstico Cardiovascular
25 mayo 2026
Ecopetrol y Puerto Bahía iniciarán proyecto de regasificación en Cartagena
25 mayo 2026

Si Carlos Gaviria Díaz viviera/ Fiabilidad de las encuestas

Compártelo:

Por:Orlando Díaz Atehortúa

La Ley 2494 de 2025 intentó poner orden en la divulgación de las encuestas electorales: exigió controles técnicos más rigurosos, trazabilidad metodológica verificable y una supervisión reforzada por parte del Consejo Nacional Electoral. Se establecieron márgenes de error obligatorios, registro formal de firmas encuestadoras y publicación detallada de las fichas técnicas. Fortaleció, al menos en el papel, la responsabilidad de quienes se arrogan estas labores, donde se pueden presentar manipulaciones.

¿Cómo no recordar la portada de Semana del 2 de abril de 2022, que anunciaba como un hecho consumado a Petro y a Fico en primera vuelta? Fue Rodolfo Hernández quien acompañó en esa votación, como contradictor, al hoy presidente. En mayo de 2026 el episodio se repite: Invamer le adjudica a Iván Cepeda un 44,6 %, mientras ubica a Abelardo con un 31,6 %. Luego, la CNC antepone a Iván con un 33,4 por ciento, con un empate técnico frente a Abelardo de la Espriella, que le da un 30,9 %. La bicoca de 11,2 puntos de diferencia entre una firma y la otra no es un matiz, es un abismo. Guarumo, contratada por El Tiempo, pone a Iván con un 37,1 %. El paisaje estadístico se fragmenta en versiones irreconciliables; Atlas Intel afronta cuestionamientos metodológicos serios. La única certeza disponible sigue siendo la del voto consciente, no al desgaire.

Soy egresado de la Universidad de Antioquia y alumno del inolvidable Carlos Gaviria Díaz: uno de los hombres más íntegros que este país haya lanzado a una candidatura presidencial. Si hoy nos acompañara, su campaña no necesitaría de tanta fanfarria, ni de gestos militaroides, para defender la democracia, ni de expresar que destriparia la izquierda. Su meta sola sería poner toda la capacidad del Estado al servicio de los más pobres. Tampoco se prestaría a chicanear ante cámaras, con trajes italianos y zapatos Ferragamo, lanzando bravuconadas, ni menos, invitaría a una periodista seria, Malú, para que le hiciera zoom al lente de su cámara, para que le observara ‘el bulto’. Gaviria Díaz era un distinguido caballero. La decencia no se improvisa.

Además, no puedo estar de acuerdo con él, respetando inmensamente a quienes lo acompañan:

Primero: Su afirmación de que el derecho y la moral son lo mismo va en contra del positivismo jurídico, que representó Carlos Gaviria Díaz: el derecho se basa en la Constitución, las leyes y los procesos democráticos, no en creencias morales o religiosas individuales. Cada grupo que pretende imponer su propia idea del bien debilita el pluralismo y las libertades del Estado social de derecho. Humberto de la Calle Lombana lo sintetizó, el 24 de mayo de este año, con una precisión que merece ser citada: ‘Mirar el derecho como instrumento de la moralidad del gobernante es un riesgo; pero despojarlo de valores superiores es hoy el escenario predilecto de los tiranos’. (El Espectador).

Segundo: En una entrevista pasada, De la Espriella se jactó, con risas, de que en sus años mozos amarraba  gatos, con voladores, para hacerlos volar. Quien naturaliza o simplifica esa crueldad, no tiene autoridad moral para invocar valores de amor frente a los animales, seres sintientes, según las últimas decisiones de la Corte Constitucional. Tercero: Carlos Gaviria se autoproclamaba agnóstico —con el dios de Spinoza como único referente—. El señor Abelardo, en entrevista, señalaba ser ateo. ¡Oh!, sorpresa, hoy aparece rezando el rosario, en cada iglesia a la que acude, conquistando el voto religioso. Detrás del candidato no hay un programa estructurado: hay un producto fabricado por inteligencia artificial y por equipos de profesionales muy bien pagados. Amanecerá y veremos.

Orlando Díaz Atehortúa —

Columnista