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¿Pragmatismo convencional o de cambio?

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Por: Germán Danilo Hernández

Ante la convulsionada realidad política global  y nacional que sorprende a muchos por las contradicciones e incoherencias entre discursos y acciones de varios líderes representativos de diferentes tendencias e ideologías, algunos analistas no dudan  en sentenciar que estamos frente a un “imperio del pragmatismo”.

Según  el diccionario de la Real Academia Española, el Pragmatismo es “un Movimiento  que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida”. Desde su origen filosófico se considera como una corriente que admite solamente como válido el conocimiento que tiene una utilidad práctica, pero llevada a la política equivale a un comportamiento que se configura de acuerdo a las circunstancias y objetivos prácticos, sobreponiéndose a principios y valores ideológicos.

Esa palabra que sirve de bisagra entre la teoría y la práctica y que aparentemente justifica algunos deslices del pensamiento racional y la conducta humana, es la que surge para intentar explicar  algunos incomprensibles fenómenos en los que se distorsiona la esencia de ideologías y partidos de diferentes vertientes.

El pragmatismo orientaría, por ejemplo, las decisiones del excéntrico presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien a costa de la propia estabilidad de su nación arremete ferozmente contra migrantes, desmonta organizaciones humanitarias o filantrópicas,  e impone sanciones arancelarias a países que han sido tradicionalmente sus aliados, pero se muestra cercano y condescendiente con líderes aparentemente enemigos como Putin en Rusia y Maduro en Venezuela, sin ocultar que estos le representarán utilidades efectivas en su visión gerencial de la política.

El ejemplo más cercano de esa avalancha de pragmatismo político en Colombia lo lidera el presidente Gustavo Petro, quien contra viento y marea decidió romper con buena parte de sus aliados del partido de gobierno, para erigir como gran figura de poder al cuestionado Armando Benedetti, quien pasó de ser su talón de Aquiles, a una especie de comodín para  atraer fuerzas políticas adversas, procurando salvar sus  amenazadas propuestas de cambio

Aunque muchos consideran que es ese sentido práctico lo que permite que la ideología se divorcie de la realidad y pone la política al servicio de lo que funciona, otros estiman que tal premisa arrasa con principios y fundamentos éticos y privilegia la estrategia del “todo vale” para lograr objetivos políticos.

Aunque ese enfoque acomodaticiamente  pragmático ha primado por décadas en la política colombiana, ahora encuentra resistencia entre  muchos seguidores y contradictores del gobierno, porque se distancia de las propuestas de cambiar esas dinámicas de poder, por las que votaron la mayoría de colombianos.

La pregunta que flota ahora en el ambiente, es si de cara a las elecciones de 2026, ¿prevalecerá el neo pragmatismo como  opción para seguir en la búsqueda del cambio esquivo,  o retornará   la pragmática  admitida de  la política convencional?

Escritor y asesor en comunicaciones*