

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.
Dante Alighieri
No nos digamos mentiras, el personaje que hoy funge como outsider, siguiendo el legado de Nayib Bukele, en El Salvador, y de Javier Milei, en Argentina, parece responder más a una narrativa cuidadosamente prefabricada que a una auténtica irrupción por fuera del establecimiento político tradicional.
Recordemos que en días recientes se adhirió a su campaña uno de sus más férreos contradictores; hoy, aparece respaldándolo, sin mayores explicaciones. Se trata del expresidente Álvaro Uribe Vélez, de la seguridad democrática. ¿Cómo olvidar cuando en el 2012 se lo refregó en su cara? ‘Ladroncito De La Espriella, le recibió y robó plata a Mancuso y ahora dice que era para la campaña’.
También se sumó a esa causa Paloma Valencia, quien fue una de sus críticas más severas. No es necesario recordar, en detalle, la larga lista de descalificaciones y reproches que ambos se cruzaron durante la campaña para la primera vuelta. Es lamentable que la política colombiana, una vez más, demuestre una extraordinaria capacidad para convertir adversarios irreconciliables en compañeros entrañables cuando las circunstancias electorales así lo ameriten.
Un poco más atrás, en el tiempo, ya se habían incorporado Efraín Cepeda y un grupo destacado de la estructura del Partido Conservador. También se unieron al señor Abelardo sectores de Cambio Radical, influenciados por Fuad Char. Figuras como Rodrigo Lara Restrepo y dirigentes de diversas corrientes del liberalismo y del Partido de la U también se sumaron. En fin, se han unido los mismos de siempre, reconocidos exponentes de la política tradicional, que han ocupado espacios de poder en el Congreso y en todos los ámbitos de la política nacional durante décadas.
Por ello, vale la pena formularnos una pregunta sencilla: ¿qué tan outsider puede ser alguien cuya candidatura termina respaldada por buena parte de las estructuras políticas tradicionales del país?
Podrán cambiarse los colores de las camisetas. Podrán modificarse los eslóganes. Podrán diseñarse nuevas estrategias de mercadeo electoral. Sin embargo, las estructuras de poder permanecen. Los apoyos no son gratuitos. Los respaldos políticos suelen generar compromisos. Y quienes hoy acompañan la candidatura del outsider, aspirarán mañana a participar de las decisiones del gobierno, incluyendo las contrataciones y nombramientos. Es una verdad clara: la historia política colombiana está llena de ejemplos que demuestran que los apoyos electorales rara vez son actos de desprendimiento.
Faltan aproximadamente dos semanas para la votación definitiva, que habrá de definir el rumbo del país. Por eso, este llamado se dirige especialmente a los del centro (los de Fajardo y Claudia), a quienes votaron en blanco, a quienes observaron esa primera vuelta del proceso electoral con indiferencia. El pedido es sencillo: se trata de que contesten en su intimidad una elemental pregunta: ¿Queremos una democracia cada vez más plural y deliberativa o estamos dispuestos a avanzar hacia formas de poder más concentradas, alrededor de un liderazgo autoritario y fascista?
Los derechos laborales, las garantías democráticas, la protección de las instituciones, los mecanismos de control y los avances sociales, conquistados por generaciones, no son irreversibles. La historia enseña que toda conquista democrática requiere cuidado y vigilancia permanente.
Adenda No. 1
Es fundamental mencionar que, gracias a los esfuerzos de Iván Cepeda y a los acuerdos logrados recientemente en la política, se ha abandonado la idea de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente. Además, se ha confirmado el compromiso de respetar y proteger la Constitución Política de 1991. Además de citar a un gran acuerdo nacional.
Adenda No. 2
El momento histórico que atraviesa el país no está para tibiezas; lo mínimo que puede esperarse de un candidato presidencial serio, que aspire a representar los intereses nacionales, es que anteponga una posición clara y vertical frente a cualquier intento de injerencia extranjera en la política colombiana. Nuestro país es soberano e independiente. Como Abelardo también tiene nacionalidad americana, se le prohíbe hacer críticas, bajo pena de sanciones, lo cual es extremadamente grave.
Adenda No. 3
Conviene recordar que la democracia también exige memoria. Felicitaciones a los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y del tribunal.
De Antioquia: Sosteniendo la condena, contra viento y marea, del señor Santiago Uribe, por concierto para delinquir (caso: Los doce apóstoles – grupo paramilitar) y homicidio. Todo nuestro apoyo para el M.P. Doctor Chaverra Castro; nunca nos defraudó.
Orlando Díaz Atehortúa
Columnista