Opinión

El antiprogresismo, la extrema derecha y la construcción de un nuevo orden social

Rodolfo Mejia
El antiprogresismo, la extrema derecha y la construcción de un nuevo orden social

Por: Orlando Díaz Atehortúa
«Debemos recuperar el discurso de la lucha de clases sin caer en la añoranza del pasado».
Pablo Stefanoni, Un fantasma recorre el mundo (2026).

En ¿La rebeldía se volvió de derechas?, Pablo Stefanoni explica cómo las nuevas derechas se apropian de la indignación, el humor y las redes, mientras parte de la izquierda sigue atrapada en una polarización inoficiosa, sin resultados contundentes de cara al pueblo. Se destacan algunos congresistas por su oposición recia y diligente a las políticas del actual mandatario.

Brasil ofrece una lección. Lula derrotó a Flávio Bolsonaro al convertir una burla sobre sus nueve dedos en una defensa de la dignidad obrera. Recordó que perdió un dedo trabajando desde joven. La ofensa dejó de ser personal y habló por millones de trabajadores. Sin embargo, el bolsonarismo conserva una fuerza social, territorial y cultural considerable.

En Colombia, esta narrativa tiene expresiones reconocibles. El «Petroverso», popularizado por el humorista Daniel Samper Ospina, ilustra cómo la sátira puede convertirse en descalificación permanente. Una cosa es fiscalizar a un exgobernante; otra, reemplazar el debate público por la ridiculización.

El episodio de Portugal, por el gasto cuestionado de aproximadamente 40 euros en un club nocturno durante un viaje oficial, merece explicaciones, pero no debe desplazar asuntos de mayor trascendencia. ¿Dónde están las cuentas concretas de los aportes destinados a reconstruir los territorios devastados por el terremoto? ¿Qué obras se han ejecutado para garantizar techo, empleo y manutención a quienes lo perdieron todo? La transparencia exige respuestas verificables.

Preocupan las iniciativas legislativas impulsadas desde el Ejecutivo que podrían restringir considerablemente el derecho constitucional a la protesta pacífica. También los datos sobre el presupuesto nacional, expedido por el Gobierno mediante decreto, donde se evidencian recortes que afectan gravemente la cultura y el deporte, así como el funcionamiento de la justicia, particularmente de la Jurisdicción Especial para la Paz.

La retirada de más de treinta obras del Museo Nacional, sin explicaciones suficientes, exige claridad y causa perplejidad, suscitando serios interrogantes el nombramiento de Alejandro Ordóñez como ministro del Interior, por sus oscuros antecedentes, incluida la quema pública de libros, episodio al que él mismo se refiere con mucha jocosidad.

Las amenazas van más allá de la disputa electoral que se avecina en 2027. El debilitamiento de la cultura, el pensamiento crítico y la laicidad del Estado, sumado a discursos que pretenden privilegiar una sola tradición religiosa, plantea serios interrogantes sobre el rumbo democrático del país. No es gratuita, en ese contexto, la consigna «¡Viva Cristo Rey!». Los derechos de las mujeres, incluida su autonomía reproductiva, tampoco pueden convertirse en moneda de cambio político.

Ante las elecciones territoriales de 2027, la lección de Stefanoni es urgente: recuperar, con hechos concretos, el trabajo social; escuchar a los trabajadores, las mujeres y los jóvenes de todo el país; ofrecer soluciones verificables y disputar las redes con inteligencia. También es necesario visibilizar la labor de los congresistas que ejercen una oposición firme frente a políticas cuestionables.

La rebeldía no pertenece a una ideología. La conquista quien transforma el malestar en esperanza y documenta los cambios que afectan la cultura, la justicia, el empleo, los derechos humanos y la democracia. Desde octubre de 2026 hasta octubre de 2027 tenemos tareas urgentes: no podemos seguir perdiendo el tiempo en polarizaciones estériles frente a oídos completamente sordos.

Adenda. Felicitamos al doctor Carlos Arturo Ramírez Vásquez por su reconocimiento como mejor magistrado de las altas cortes de Colombia, otorgado por la entidad «Excelencia en la Justicia». ¡En buena hora, maestro y presidente de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial!

Orlando Díaz Atehortúa
Columnista

Deja tu comentario