Sentido Común
Por: Álvaro Vélez Trujillo
Quienes hemos trabajado en Acuacar sabemos lo complejo que es llevar agua potable a los hogares y recoger sus aguas residuales. Quienes vivimos los últimos años de las Empresas Públicas Distritales recordamos las graves deficiencias que padeció la ciudad. Esa memoria debería orientar el futuro del servicio. La cuña salina que penetra en el Canal del Dique obliga a captar el agua cruda a más de 40 km de la ciudad, y transportarla mediante estaciones de bombeo eléctrico hasta las dos plantas de potabilización.
Abrir una llave exige una operación compleja, costosa y permanente. Al llegar a la zona urbana, las conducciones atraviesan terrenos inestables que causan sus roturas y los asentamientos humanos sobre sus trazados dificultan las reparaciones. Parte de esa infraestructura antecede a la operación de Acuacar. Son condiciones que ningún cambio de operador hará desaparecer, aunque sí exigen prevención, mantenimiento e inversiones.
En el alcantarillado, la topografía obliga a depender de numerosas estaciones de bombeo eléctrico. Durante décadas, la bahía y la Ciénaga de la Virgen recibieron las descargas de aguas residuales de la ciudad. El sistema de pretratamiento y el emisario submarino permitieron su saneamiento y una disposición ambientalmente adecuada.
Los avances en coberturas de servicios, calidad del agua y saneamiento no pueden borrarse del balance. Detrás de ellos están la empresa, sus trabajadores y operadores y las inversiones con significativa participación con recursos de la empresa. Cartagena ha construido una capacidad técnica e institucional que merece preservarse.
¿Hay problemas?
Por supuesto. El primero es la insuficiente capacidad de producción frente a una demanda creciente. Ampliar la potabilización, mediante el segundo módulo de El Cerro, ha de ser una prioridad inmediata. Esta ampliación es indispensable, ya sea bajo el actual modelo mixto o con el esquema público que está gestionando actualmente el Distrito.
Empresa y Distrito tienen que concretar sus compromisos, precisar las obligaciones de financiación y ejecutar las obras. El Distrito es un accionista corresponsable de la gestión y, en la junta directiva, puede exigir resultados, promover correctivos y orientar soluciones desde la empresa existente.
Vale la pena recordar que hay más de 55.800 viviendas en proceso de construcción solo en la Zona Norte, a la espera que se les pueda dar el servicio de agua y que entrarían a aportarle al Distrito el impuesto predial correspondiente. El segundo frente son las pérdidas de agua. Allí concurren fugas por conexiones clandestinas, fraudes y falta de pago, inducida por la pobreza de la mayoría de los usuarios.
Le pedimos al Distrito sentido común: preservar lo construido, corregir las deficiencias y ejecutar un plan de ampliación de la potabilización y de reducción de pérdidas, antes de emprender una aventura que podría poner en riesgo experiencia, conocimiento y continuidad.
El alcalde ha demostrado gran capacidad de gestión. Pero nadie puede garantizar que sus sucesores tendrán la misma capacidad. Cartagena necesita instituciones sólidas, inversiones oportunas y decisiones que resistan el paso de los gobiernos. Y que prevalezca el sentido común.
Álvaro Vélez Bustillo. Ingeniero, exfuncionario de Acuacar



